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Fuera del dédalo aún se siguen mostrando algunas situaciones sentimentales que me hacen trastabillar, situaciones que, extrañamente, también parecen ocurrirle a ella en un ámbito quizá un poco diferente o similar pero que queda inmersa en el laberinto de cualquier manera.
Y es que, a pesar de todo lo que hemos vivido, a todas aquellas situaciones que nos dieron dolor o alegría, más que terminar con nuestra relación pareciera que se está reafirmando por otro vértice, desde otro aspecto... en verdad no logro descifrarlo aún y no quisiera terminar más confundido en dichos vértices suponiendo cosas cuando la realidad es otra...
El orgullo en sí, suponía, era quien tenía la pauta, quien predominaría pasado el tiempo e, insisto, si es él quien está de manifiesto, entonces sostendré que seguimos confundiendo lo que es el amor y nos está perdiendo en esencias y desvíos.
Cómo pues explicamos las travesuras, posturas "infantiles" (así como tú las llamaste) o las otras estupideces que, yo por ejemplo, he consumado de una manera tan absurda que terminamos por dar y/o aceptar la disculpa del otro cuando, en otros tiempos, sencillamente no existía todo esto.
La otra manera que has usado (y que en verdad aún no entiendo si es para probarme) ha sido ese sacar de situaciones que tenías más que guardadas y que suponías me harían daño al decírmelas pues se trata de detalles que te han ocurrido desde otros hombres en todo este tiempo que vives conmigo...
¿Será ello para volver a ponernos a prueba? ¿Realmente estamos "curados de espantos" que podremos soportar tanto lo que me comentes o aflore como lo que yo pueda agregar a lo tuyo conocido?
Supongo que no nos hace bien el "hacernos los valientes" y decir que "ya no importa, que ya no nos importa a estas alturas"... a menos que tú si puedas con eso y yo termine "desplazado del juego"...
No ha sido una vez en que he doblado las manos ante ti, que he entendido qué es la resignación o que he vivido postrado en un error para después reconocerlo cuando me lo has hecho ver...
Si esto forma parte del amar, necesitaré más que de tu apoyo para librar esta etapa que, suponía, ya no formaba parte de ningún dédalo pues, al seguir diciéndome fuera de él, no debería existir!
...O es quizá que nunca he estado fuera?
domingo, 29 de septiembre de 2013
sábado, 21 de septiembre de 2013
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Muchas ocasiones terminamos quejándonos por una situación u otra que, para otros tantos, resultan ser mínimas comparadas con las que, severamente, ellos padecen y caemos en la exageración de nuestro dolor o desdicha.
Digo esto por todos aquellos que han resultado afectados por los ciclones Ingrid y Manuel de este mes y que, en mi humilde opinión, están sufriendo enormemente al perder desde un ser querido hasta la totalidad de sus bienes o fuentes de trabajo quedando así más que a la intemperie física, moral y económicamente por decirlo de alguna manera.
Y es que, desastres como estos debido a contingencias naturales, resultan fáciles de apreciar desde nuestro prisma cuando, los verdaderamente implicados, saben a la perfección lo que es el padecer y lo que es sufrir.
En mi caso, la comodidad (o suerte) que sigo teniendo debido a mi posición geográfica sobre el territorio mexicano me sigue brindando la opción de no poder quejarme y, sin embargo, sigo haciéndolo debido a mi falta de dinero o de esa tranquilidad que el tener trabajo nos brinda... Esto es, termino viendo sólo por mis intereses particulares.
Así, como muchos, terminamos haciendo lo mismo y nos olvidamos de que aquellos requieren de ayuda a raudales y no somos capaces de aportar ese grano de comodidad para quienes lo demandan con urgencia.
No quiero culpar aquí a políticos y demás que, con sus onerosos sueldos, más que desfalcar al país caen en la ridiculez mundial al decirse mexicanos y no hacer nada por minimizar ese desfalco... (y a pesar de decir que no quiero culparlos aquí, ya lo hago).
Mas, reitero, quienes tengan a bien ayudar (al menos moralmente) háganlo! Manden al averno a políticos corruptos, mediocres e insensibles que jamás verán por quienes padecen y hagamos que este país renazca en confianza por quienes lo habitamos (y no propiamente por quienes nos gobiernan).
El tiempo nos hará merecedores de dicha confianza y el pueblo terminará por levantarse en armas ante tanta chingada opresión, ante tanta pendejada e impuesto tras impuesto; ante tanta puta reforma que más que beneficiar sólo daña a quienes, como yo, necesitan llevar ese sustento al hogar y viven al día (a pesar de que tanto estúpido comercial radiado nos quiera "meter" lo contrario en la cabeza.
Reconozco en mi país a un México cansado y a punto del quiebre... Ojalá pueda formar parte de alguna solución.
Mis condolencias a aquellos que lo han perdido todo.
Muchas ocasiones terminamos quejándonos por una situación u otra que, para otros tantos, resultan ser mínimas comparadas con las que, severamente, ellos padecen y caemos en la exageración de nuestro dolor o desdicha.
Digo esto por todos aquellos que han resultado afectados por los ciclones Ingrid y Manuel de este mes y que, en mi humilde opinión, están sufriendo enormemente al perder desde un ser querido hasta la totalidad de sus bienes o fuentes de trabajo quedando así más que a la intemperie física, moral y económicamente por decirlo de alguna manera.
Y es que, desastres como estos debido a contingencias naturales, resultan fáciles de apreciar desde nuestro prisma cuando, los verdaderamente implicados, saben a la perfección lo que es el padecer y lo que es sufrir.
En mi caso, la comodidad (o suerte) que sigo teniendo debido a mi posición geográfica sobre el territorio mexicano me sigue brindando la opción de no poder quejarme y, sin embargo, sigo haciéndolo debido a mi falta de dinero o de esa tranquilidad que el tener trabajo nos brinda... Esto es, termino viendo sólo por mis intereses particulares.
Así, como muchos, terminamos haciendo lo mismo y nos olvidamos de que aquellos requieren de ayuda a raudales y no somos capaces de aportar ese grano de comodidad para quienes lo demandan con urgencia.
No quiero culpar aquí a políticos y demás que, con sus onerosos sueldos, más que desfalcar al país caen en la ridiculez mundial al decirse mexicanos y no hacer nada por minimizar ese desfalco... (y a pesar de decir que no quiero culparlos aquí, ya lo hago).
Mas, reitero, quienes tengan a bien ayudar (al menos moralmente) háganlo! Manden al averno a políticos corruptos, mediocres e insensibles que jamás verán por quienes padecen y hagamos que este país renazca en confianza por quienes lo habitamos (y no propiamente por quienes nos gobiernan).
El tiempo nos hará merecedores de dicha confianza y el pueblo terminará por levantarse en armas ante tanta chingada opresión, ante tanta pendejada e impuesto tras impuesto; ante tanta puta reforma que más que beneficiar sólo daña a quienes, como yo, necesitan llevar ese sustento al hogar y viven al día (a pesar de que tanto estúpido comercial radiado nos quiera "meter" lo contrario en la cabeza.
Reconozco en mi país a un México cansado y a punto del quiebre... Ojalá pueda formar parte de alguna solución.
Mis condolencias a aquellos que lo han perdido todo.
sábado, 14 de septiembre de 2013
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Hacía en verdad mucho tiempo en que no había reparado mi estatus... y no me refiero al estar fuera del dédalo, sino aquel que me determina el ser músico, el estar por ende inmerso en las notas y los pentagramas o en el rubro íntegro de la composición.
Había comentado algo a este respecto con Amado, un viejo conocido que hoy día sigue "peleando" (casi al igual que yo) con esa determinación a decir "NO" estando sumergidos entre tantas personas que acuden a escuchar música en vivo y no aceptar una propuesta.
Él y yo, en cierta conversación, acordamos que teníamos casi los mismos ideales respecto a seguir vigentes dentro de la trova, la composición o la música de propuesta... y dichos intereses eran sencillamente el echar a un lado todo cuanto creíamos podíamos ofrecer al público y, lamentablemente, nos tocó vivir en Guadalajara (México) donde las personas simplemente les vale siete chingadas lo que el músico ofrece en el escenario y sólo quieren escuchar lo que ya es conocido, popular o comercial.
Es por ello que, al recibir esa llamada donde me hacían saber que debería seguir trabajando en lo que soy, en volver a sumergirme en los pentagramas e intentar incursionar en determinado género musico-teatral que sospecho tiene mucha menos cautividad en la urbe, más vuelvo a reafirmar que no lo deseo, que quizá no me siento ya con la capacidad para trabajar removiendo la sesera y sostener aquel "NO" de hace años que coloqué en mi frente cuando empleos así me ofrecen.
Perdona si no te lo hago saber frente a frente... Quizá lo haga uno de estos días y, aunque vuelvas a subrayarme quién soy, qué soy y qué debería estar haciendo artísticamente en estos días, más que mi determinación aquella del "NO" es justo mi familia y mis atenciones a ella la que me atan amorosa y responsablemente a mi postura.
No ruego tu entender pues, supongo, no lo entenderás mientras tengas ambiciones artísticas... y, en lo personal, mi gente, mi mexicana gente, se ha encargado ya de apagar y semi-extinguir al "artista" que, sostienes, llevo dentro.
Esta valoración o apreciación tuya, en verdad la agradezco y estimo... pero creo que ya es cosa de un pasado y será difícil (muy difícil) el que la reafirme con lo que antes hacía y que hoy me otorga cierto mote del que a veces bromeo: el maestro.
Hacía en verdad mucho tiempo en que no había reparado mi estatus... y no me refiero al estar fuera del dédalo, sino aquel que me determina el ser músico, el estar por ende inmerso en las notas y los pentagramas o en el rubro íntegro de la composición.
Había comentado algo a este respecto con Amado, un viejo conocido que hoy día sigue "peleando" (casi al igual que yo) con esa determinación a decir "NO" estando sumergidos entre tantas personas que acuden a escuchar música en vivo y no aceptar una propuesta.
Él y yo, en cierta conversación, acordamos que teníamos casi los mismos ideales respecto a seguir vigentes dentro de la trova, la composición o la música de propuesta... y dichos intereses eran sencillamente el echar a un lado todo cuanto creíamos podíamos ofrecer al público y, lamentablemente, nos tocó vivir en Guadalajara (México) donde las personas simplemente les vale siete chingadas lo que el músico ofrece en el escenario y sólo quieren escuchar lo que ya es conocido, popular o comercial.
Es por ello que, al recibir esa llamada donde me hacían saber que debería seguir trabajando en lo que soy, en volver a sumergirme en los pentagramas e intentar incursionar en determinado género musico-teatral que sospecho tiene mucha menos cautividad en la urbe, más vuelvo a reafirmar que no lo deseo, que quizá no me siento ya con la capacidad para trabajar removiendo la sesera y sostener aquel "NO" de hace años que coloqué en mi frente cuando empleos así me ofrecen.
Perdona si no te lo hago saber frente a frente... Quizá lo haga uno de estos días y, aunque vuelvas a subrayarme quién soy, qué soy y qué debería estar haciendo artísticamente en estos días, más que mi determinación aquella del "NO" es justo mi familia y mis atenciones a ella la que me atan amorosa y responsablemente a mi postura.
No ruego tu entender pues, supongo, no lo entenderás mientras tengas ambiciones artísticas... y, en lo personal, mi gente, mi mexicana gente, se ha encargado ya de apagar y semi-extinguir al "artista" que, sostienes, llevo dentro.
Esta valoración o apreciación tuya, en verdad la agradezco y estimo... pero creo que ya es cosa de un pasado y será difícil (muy difícil) el que la reafirme con lo que antes hacía y que hoy me otorga cierto mote del que a veces bromeo: el maestro.
domingo, 8 de septiembre de 2013
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Aquel día fue esperado como pocos. La sensación de incertidumbre fue creciendo con el paso de los días al enterarme de que aún no tenía "la gana de salir" del vientre.
Me recuerdo revisando cada determinado tiempo dentro del mismo día el reporte meteorológico de aquella ciudad donde te encontrabas y pasaba largo rato revisando un dato u otro entre tanto ocurría el alumbramiento.
Es obvio que sucedió, y no fue sino hasta días después en que me enteré de la ecatombe de situaciones que se sucedieron en aquel cuarto de hospital... situaciones que se olvidaron con el paso de los años.
Mas no propiamente han quedado enterradas, siempre estan presentes cada que festejamos tu día, César, y que mamá te observa con esa mirada que jamás tendré desde ella pues, tú, fuiste más que una bendición para ambos aquella tarde en que, aferrado a tu bolsa, quisiste salir entero desde su vientre... sin dejar nada dentro.
Dolor, llanto y esfuerzo a raudal dejaste allá; lágrimas de ausencia e impotencia depositaste aquí y, aún sin conocerte, pude reconocer tu voz a través del teléfono a unas horas después que abandonaras el hospital al lado de esa mujer que sigue impactándome con cada año que transcurre y depositando silencios en mi garganta con sólo apreciarla.
Sé que con el paso de más meses crecerás tanto física como intelectualmente, que recordarás mucho de lo que hoy vives y que podrás analizar mejor las cosas y las situaciones... sólo rogamos tu comprensión al no poder darte todo lo que siempre has deseado desde nosotros y sólo para ti... ninguno de tus hermanos ha tenido todo lo que han anhelado debido a nuestras limitaciones.
Sé feliz mientras puedas... supongo que no "te queda de otra".
Siempre te querremos, César... siempre.
Aquel día fue esperado como pocos. La sensación de incertidumbre fue creciendo con el paso de los días al enterarme de que aún no tenía "la gana de salir" del vientre.
Me recuerdo revisando cada determinado tiempo dentro del mismo día el reporte meteorológico de aquella ciudad donde te encontrabas y pasaba largo rato revisando un dato u otro entre tanto ocurría el alumbramiento.
Es obvio que sucedió, y no fue sino hasta días después en que me enteré de la ecatombe de situaciones que se sucedieron en aquel cuarto de hospital... situaciones que se olvidaron con el paso de los años.
Mas no propiamente han quedado enterradas, siempre estan presentes cada que festejamos tu día, César, y que mamá te observa con esa mirada que jamás tendré desde ella pues, tú, fuiste más que una bendición para ambos aquella tarde en que, aferrado a tu bolsa, quisiste salir entero desde su vientre... sin dejar nada dentro.
Dolor, llanto y esfuerzo a raudal dejaste allá; lágrimas de ausencia e impotencia depositaste aquí y, aún sin conocerte, pude reconocer tu voz a través del teléfono a unas horas después que abandonaras el hospital al lado de esa mujer que sigue impactándome con cada año que transcurre y depositando silencios en mi garganta con sólo apreciarla.
Sé que con el paso de más meses crecerás tanto física como intelectualmente, que recordarás mucho de lo que hoy vives y que podrás analizar mejor las cosas y las situaciones... sólo rogamos tu comprensión al no poder darte todo lo que siempre has deseado desde nosotros y sólo para ti... ninguno de tus hermanos ha tenido todo lo que han anhelado debido a nuestras limitaciones.
Sé feliz mientras puedas... supongo que no "te queda de otra".
Siempre te querremos, César... siempre.
domingo, 1 de septiembre de 2013
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En el principio del mes, el contacto en inicio, el iniciar con un beso, el principio de aquella canción y/o el inicio de un deslíz, pudieron ser el tenor nocturno de las últimas dos semanas.
El principio de una noche que pudiera parecer fatalista, absurda o caótica estuvo a la par de mí aquí y allá este fin de semana en cada lugar donde ejercí mi labor. Yo sólo estuve espectante y analizaba cada muestra del destino que se gestaba ante mis ojos... privilegio, que me sigue otorgando el seguir fuera del dédalo.
El principio de un día desde su madrugada, estando bajo las sábanas conversando con quien acompaña mis horas de ocio, fue más que gratificante y a su vez tan intrigante que terminé por sólo dejarme llevar hasta topar con las horas de sueño que siempre me han acercado al sol de mediodía para continuar con las actividades.
Ese principio vacío en el establecimiento donde hago la música, el principio de una amistad intrigante para ella, la primer impresión en mi hijo tanto de otro hogar como de otro instrumento ejecutado por mí...
Cada principio, quizá, donde debe estar... en ese lugar donde tuvo que estar... aunque en ocasiones no sea tan aceptado por todos.
En el principio del mes, el contacto en inicio, el iniciar con un beso, el principio de aquella canción y/o el inicio de un deslíz, pudieron ser el tenor nocturno de las últimas dos semanas.
El principio de una noche que pudiera parecer fatalista, absurda o caótica estuvo a la par de mí aquí y allá este fin de semana en cada lugar donde ejercí mi labor. Yo sólo estuve espectante y analizaba cada muestra del destino que se gestaba ante mis ojos... privilegio, que me sigue otorgando el seguir fuera del dédalo.
El principio de un día desde su madrugada, estando bajo las sábanas conversando con quien acompaña mis horas de ocio, fue más que gratificante y a su vez tan intrigante que terminé por sólo dejarme llevar hasta topar con las horas de sueño que siempre me han acercado al sol de mediodía para continuar con las actividades.
Ese principio vacío en el establecimiento donde hago la música, el principio de una amistad intrigante para ella, la primer impresión en mi hijo tanto de otro hogar como de otro instrumento ejecutado por mí...
Cada principio, quizá, donde debe estar... en ese lugar donde tuvo que estar... aunque en ocasiones no sea tan aceptado por todos.
martes, 27 de agosto de 2013
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En ocasiones, aún estando fuera del dédalo, me gusta sumergirme, esconderme en mi trinchera...
Y es que desde ahí puedo ver un poco solamente de lo que es en sí el estar fuera y respiro con más cautela, observo el poco detalle que se atisba, señalo con mi índice cercano a mi naríz y lo lejano sigue estando ahí... inasible.
En ocasiones, me gusta permanecer callado (cosa que me cuesta más trabajo ahora) aún estando sumergido en dicha trinchera...
Y es que pareciera que estoy en un campo de batalla donde debo esconderme un tanto de cada ataque, de cada frase que tiende el derredor arrojarme cual bomba de tiempo y que no dudo podría estallar en cualquier momento desfigurando alguna parte de mi alma... dependiendo qué tan cerca caiga de ella.
En ocasiones, me gusta sentirme solo y recorrer de un lado a otro la trinchera a pesar de saber que el espacio es demasiado reducido...
Y es que necesito recargar parte de esa batería que necesito para sobrevivir, dotar de munición mi armamento y poder regresar a la batalla, a esa que libro estando fuera del laberinto desde hace meses... aún así que parezca todo en vano o innecesario.
En ocasiones, me gusta sentir la lluvia sobre mi cabeza (sin casco) dentro de la trinchera...
Y es que ella me recuerda que aún sigo vivo, que alguien más libra su propia batalla y que probablemente requiera de mi intervención en determinado momento... será entonces cuando salte del pozo y acuda al llamado.
En ocasiones, la trinchera no es más que sólo eso: una trinchera... y, estando en ella, sólo llueve, hay silencio, carezco de armas y el espacio es tan reducido que no cabe más nadie aunque quisiera...
Para cuando recapacito en ello, justamente es cuando la miro desde fuera... así como quizá me observe el dédalo estando fuera de él.
En ocasiones, aún estando fuera del dédalo, me gusta sumergirme, esconderme en mi trinchera...
Y es que desde ahí puedo ver un poco solamente de lo que es en sí el estar fuera y respiro con más cautela, observo el poco detalle que se atisba, señalo con mi índice cercano a mi naríz y lo lejano sigue estando ahí... inasible.
En ocasiones, me gusta permanecer callado (cosa que me cuesta más trabajo ahora) aún estando sumergido en dicha trinchera...
Y es que pareciera que estoy en un campo de batalla donde debo esconderme un tanto de cada ataque, de cada frase que tiende el derredor arrojarme cual bomba de tiempo y que no dudo podría estallar en cualquier momento desfigurando alguna parte de mi alma... dependiendo qué tan cerca caiga de ella.
En ocasiones, me gusta sentirme solo y recorrer de un lado a otro la trinchera a pesar de saber que el espacio es demasiado reducido...
Y es que necesito recargar parte de esa batería que necesito para sobrevivir, dotar de munición mi armamento y poder regresar a la batalla, a esa que libro estando fuera del laberinto desde hace meses... aún así que parezca todo en vano o innecesario.
En ocasiones, me gusta sentir la lluvia sobre mi cabeza (sin casco) dentro de la trinchera...
Y es que ella me recuerda que aún sigo vivo, que alguien más libra su propia batalla y que probablemente requiera de mi intervención en determinado momento... será entonces cuando salte del pozo y acuda al llamado.
En ocasiones, la trinchera no es más que sólo eso: una trinchera... y, estando en ella, sólo llueve, hay silencio, carezco de armas y el espacio es tan reducido que no cabe más nadie aunque quisiera...
Para cuando recapacito en ello, justamente es cuando la miro desde fuera... así como quizá me observe el dédalo estando fuera de él.
lunes, 19 de agosto de 2013
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Resulta por cierto para muchos que cada pueblo de nuestro país encierra tradición, costumbres, gastronomía, arquitectura e historia y muchos de dichos poblados tienen sus propios atractivos (algunos más que otros) incluso plasmado en su gente.
El punto al que intento referirme con ello aquí es a la era que vivimos, a esta "ciber-civilización" que se jacta o presume de ser moderna cuando, por muchas razones, tiende a recaer en lo absurdo y en la falacia debido a las propias contradicciones que nos muestra conforme visitamos esas poblaciones que no sobrepasan la dupla de millar en habitantes.
Y es que visité este fin de semana el pueblo de Cajititlán, Jalisco, donde pude catarlo con suma tristeza.
Ya había acudido ahí algunos meses atrás y tuve una grata experiencia del sitio mas, pareciera ser, que por ser fin del período vacacional escolar, todos los citadinos se decidieron acudir a festejar o a reventarse esa tarde, a viajar en lancha por la laguna que poseé dicho lugar y a contratar "por canción" a cuanta banda se acercaba a los puestos que están a pie de su pequeño malecón... con lo que mi tarde se convirtió en una verdadera guerra de bandas que estrepitosas no pude nunca descifrar ni el acorde o el tema interpretado.
Afortunadamente no bebo alcohol como para quedarme estacionado por mucho tiempo en aquel restaurante desde donde observé detenidamente cada pareja, cada muestra de baile y celebración, cada vendedor que repetidamente insistía con su producto en mi mesa o ese desfilar de familias jóvenes que, celular en mano, no perdían contacto con su civilizacióna través de Facebook, Tweeter o What´s up (entre otros tantos).
Cuán a gusto estuve aquella vez anterior en que el sonido del motor casi se perdía con el romper del agua bajo la lancha que nos dió un recorrido por ese enorme charco verde llamado laguna y cuando terminé mi tarde en el quisco del pueblo sólo con el sonido infantil de los pequeños que jugaban en el lugar y acompañado con alguna música que se dejaba escuchar en el equipo de audio de aquel vendedor de piratería dentro de su tianguis dominical.
Las aguas frescas, los helados, el paseo en pony, ese recorrer de veinte cuadras y terminar con todo el pueblo, su templo en espera de feligreses, las gorditas, la granada en vasito con sal y limón, los panecillos, las frituras, chicharrones, juguetitos y sus viajes en lancha... todo opacado por el "citadino bandero" que sólo quiere demostrar que se está "inn" mientras tienes "apergollada" a tu compañera y "la quebras" mientras, la banda más ruidosa del poblado, toca para él por una módica suma... el punto es que estaba plagado de ese tipo de citadinos toda la zona del pequeño malecón!
Qué tristeza... De nada sirve decirse que se tiene una cuenta en este portal o en otro por Internet... de nada sirve que yo mismo diga que poseo un blog (que por cierto nadie lee) cuando, lo que realmente se ve que somos, no recae jamás ni directamente en la red de redes... Todo termina por convertirse en un enorme, muy enorme rancho llamado ciudad, que se sigue extendiendo en los municipios aledaños y zona conurbana.
Y, todo, gracias a quienes lo habitan o a quienes lo visitan... a esas costumbres, estupideces sociales o actitudes que se dicen y no se miran o a las que no se dicen y se muestran.
Resulta por cierto para muchos que cada pueblo de nuestro país encierra tradición, costumbres, gastronomía, arquitectura e historia y muchos de dichos poblados tienen sus propios atractivos (algunos más que otros) incluso plasmado en su gente.
El punto al que intento referirme con ello aquí es a la era que vivimos, a esta "ciber-civilización" que se jacta o presume de ser moderna cuando, por muchas razones, tiende a recaer en lo absurdo y en la falacia debido a las propias contradicciones que nos muestra conforme visitamos esas poblaciones que no sobrepasan la dupla de millar en habitantes.
Y es que visité este fin de semana el pueblo de Cajititlán, Jalisco, donde pude catarlo con suma tristeza.
Ya había acudido ahí algunos meses atrás y tuve una grata experiencia del sitio mas, pareciera ser, que por ser fin del período vacacional escolar, todos los citadinos se decidieron acudir a festejar o a reventarse esa tarde, a viajar en lancha por la laguna que poseé dicho lugar y a contratar "por canción" a cuanta banda se acercaba a los puestos que están a pie de su pequeño malecón... con lo que mi tarde se convirtió en una verdadera guerra de bandas que estrepitosas no pude nunca descifrar ni el acorde o el tema interpretado.
Afortunadamente no bebo alcohol como para quedarme estacionado por mucho tiempo en aquel restaurante desde donde observé detenidamente cada pareja, cada muestra de baile y celebración, cada vendedor que repetidamente insistía con su producto en mi mesa o ese desfilar de familias jóvenes que, celular en mano, no perdían contacto con su civilizacióna través de Facebook, Tweeter o What´s up (entre otros tantos).
Cuán a gusto estuve aquella vez anterior en que el sonido del motor casi se perdía con el romper del agua bajo la lancha que nos dió un recorrido por ese enorme charco verde llamado laguna y cuando terminé mi tarde en el quisco del pueblo sólo con el sonido infantil de los pequeños que jugaban en el lugar y acompañado con alguna música que se dejaba escuchar en el equipo de audio de aquel vendedor de piratería dentro de su tianguis dominical.
Las aguas frescas, los helados, el paseo en pony, ese recorrer de veinte cuadras y terminar con todo el pueblo, su templo en espera de feligreses, las gorditas, la granada en vasito con sal y limón, los panecillos, las frituras, chicharrones, juguetitos y sus viajes en lancha... todo opacado por el "citadino bandero" que sólo quiere demostrar que se está "inn" mientras tienes "apergollada" a tu compañera y "la quebras" mientras, la banda más ruidosa del poblado, toca para él por una módica suma... el punto es que estaba plagado de ese tipo de citadinos toda la zona del pequeño malecón!
Qué tristeza... De nada sirve decirse que se tiene una cuenta en este portal o en otro por Internet... de nada sirve que yo mismo diga que poseo un blog (que por cierto nadie lee) cuando, lo que realmente se ve que somos, no recae jamás ni directamente en la red de redes... Todo termina por convertirse en un enorme, muy enorme rancho llamado ciudad, que se sigue extendiendo en los municipios aledaños y zona conurbana.
Y, todo, gracias a quienes lo habitan o a quienes lo visitan... a esas costumbres, estupideces sociales o actitudes que se dicen y no se miran o a las que no se dicen y se muestran.
martes, 13 de agosto de 2013
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Quién me manda ser así de sensible y, peor aún, no poder jactarme de ello o intentar al menos hacerle saber al mundo de mi estatus sentimental...
Quién me manda hurgar aquí y allá en ese sentir de quien acompaña mis días y no dejar que sólo ella sea quien me comparta lo que desee sin forzar nada...
Quién me manda el querer aparentar tranquilidad mientras se me habla cuando se malinterpreta ello como si no me interesara de lo que se comenta...
Quién me manda seguir fuera del laberinto y que todo se observe de manera totalmente ajena, reversible, revuelta y con severos altibajos que sólo destiñen mis pupilas...
Quién me manda el seguir sosteniendo algo que se predice insostenible o el seguir participando en algo que no parece ser partícipe para mí...
Quién me manda hablar desde el fondo si ya ni siquiera mi propio fondo me escucha, me cree o resulta con fundamento para después no ser cuestionado...
Quién me manda "intentar aprender" de los demás (como lo había hecho de manera habitual hace unos años) si aquellos quienes se acercan parecen ser personas con mayor decisión o determinación que la mía...
Quién me manda sacar cuanto me incomoda o disgusta de la vida si, aparentemente, ya no hay quien me escuche o se ofrezca para no juzgar sino simplemente escuchar...
Quién me manda ser así de sensible y que cada sentimiento tenga repercusión negativa en mi entorno...
Quien me manda intentar ser comprensivo y que luego te lo echen en cara con todo lo contrario...
Quién me manda ser así de sensible y, peor aún, no poder jactarme de ello o intentar al menos hacerle saber al mundo de mi estatus sentimental...
Quién me manda hurgar aquí y allá en ese sentir de quien acompaña mis días y no dejar que sólo ella sea quien me comparta lo que desee sin forzar nada...
Quién me manda el querer aparentar tranquilidad mientras se me habla cuando se malinterpreta ello como si no me interesara de lo que se comenta...
Quién me manda seguir fuera del laberinto y que todo se observe de manera totalmente ajena, reversible, revuelta y con severos altibajos que sólo destiñen mis pupilas...
Quién me manda el seguir sosteniendo algo que se predice insostenible o el seguir participando en algo que no parece ser partícipe para mí...
Quién me manda hablar desde el fondo si ya ni siquiera mi propio fondo me escucha, me cree o resulta con fundamento para después no ser cuestionado...
Quién me manda "intentar aprender" de los demás (como lo había hecho de manera habitual hace unos años) si aquellos quienes se acercan parecen ser personas con mayor decisión o determinación que la mía...
Quién me manda sacar cuanto me incomoda o disgusta de la vida si, aparentemente, ya no hay quien me escuche o se ofrezca para no juzgar sino simplemente escuchar...
Quién me manda ser así de sensible y que cada sentimiento tenga repercusión negativa en mi entorno...
Quien me manda intentar ser comprensivo y que luego te lo echen en cara con todo lo contrario...
martes, 6 de agosto de 2013
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Ni aún estando inmerso en el dédalo me atreví alguna vez a hacer un escrito acerca del cómo creo considerar que soy y ennumerar ciertos valores que poseo.
Sé que existen algunas terapias donde se nos obliga en cierta forma a reconocer dichos valores y a usarlos en nuestro favor debido a la baja autoestima que probablemente nos pueda aquejar en determinado momento de nuestras vidas.
Y no creo que, por decir aquí que me considero una persona noble vaya a causar una enorme polémica en el entorno o a que lleguen ustedes a pensar que me estoy aludiendo o sobreestimando (por no decir presumiendo).
Es justo aquí que, no más de uno, ha sabido abusar de ello e hizo lo que quiso con dicha humildad y, aunado a esto, supongo que, quien vive conmigo, por lo general es así también y hemos terminado por "afectar" incluso a nuestros hijos... Cuál es entonces el resumen? ...que toda mi familia es noble en gran medida y siempre terminan por abusar de nosotros de alguna u otra forma.
Cuán difícil resulta entonces el modificar esta actitud (que debería llamarla virtud) y ser como todos aquellos que nomás piensan en chingar al prójimo, que se aprovechan de toda situación para beneficio personal y terminan pisoteando relativamente a quien, noblemente, desea o sabe hacer las cosas según su experiencia de vida.
Qué tristeza es que tengamos personas así dentro de nuestra familia cuando, toda ella, tiende a ser noble, accesible y un tanto humilde...
Y es que no propiamente debe ser un hermano, pero sí un cuñado (a), primo, yerno o nuera.
Es justo que entiendo aquí la magnificencia del creador al darnos el todo en nuestro derredor para conocerse a sí mismo y, supongo, será trabajo de cada uno de nosotros el vivir o saber vivir acompañados por este tipo de entes que no terminan de entender de otros valores y sólo se aferran a lo que creen sin modificar nada.
Será acaso que yo mismo elegí el vivir rodeado por entes así? ...o estoy equivocado de círculo...
Es entonces que soy yo quien debe "aprender a vivir" con todos ellos?
Ni aún estando inmerso en el dédalo me atreví alguna vez a hacer un escrito acerca del cómo creo considerar que soy y ennumerar ciertos valores que poseo.
Sé que existen algunas terapias donde se nos obliga en cierta forma a reconocer dichos valores y a usarlos en nuestro favor debido a la baja autoestima que probablemente nos pueda aquejar en determinado momento de nuestras vidas.
Y no creo que, por decir aquí que me considero una persona noble vaya a causar una enorme polémica en el entorno o a que lleguen ustedes a pensar que me estoy aludiendo o sobreestimando (por no decir presumiendo).
Es justo aquí que, no más de uno, ha sabido abusar de ello e hizo lo que quiso con dicha humildad y, aunado a esto, supongo que, quien vive conmigo, por lo general es así también y hemos terminado por "afectar" incluso a nuestros hijos... Cuál es entonces el resumen? ...que toda mi familia es noble en gran medida y siempre terminan por abusar de nosotros de alguna u otra forma.
Cuán difícil resulta entonces el modificar esta actitud (que debería llamarla virtud) y ser como todos aquellos que nomás piensan en chingar al prójimo, que se aprovechan de toda situación para beneficio personal y terminan pisoteando relativamente a quien, noblemente, desea o sabe hacer las cosas según su experiencia de vida.
Qué tristeza es que tengamos personas así dentro de nuestra familia cuando, toda ella, tiende a ser noble, accesible y un tanto humilde...
Y es que no propiamente debe ser un hermano, pero sí un cuñado (a), primo, yerno o nuera.
Es justo que entiendo aquí la magnificencia del creador al darnos el todo en nuestro derredor para conocerse a sí mismo y, supongo, será trabajo de cada uno de nosotros el vivir o saber vivir acompañados por este tipo de entes que no terminan de entender de otros valores y sólo se aferran a lo que creen sin modificar nada.
Será acaso que yo mismo elegí el vivir rodeado por entes así? ...o estoy equivocado de círculo...
Es entonces que soy yo quien debe "aprender a vivir" con todos ellos?
miércoles, 31 de julio de 2013
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Qué ciegos nos ponemos en ocasiones ante las necesidades ajenas. Qué tanto intransigentes, absurdos y necios.
Si bien las propias demandas nos exigen el tener que trabajar más y no logramos sino sólo lo necesario, qué postura tan estúpida resulta pues la de ponernos reacios a negar la de los demás.
Qué estúpido resulta también el que, aún sin tener para dar, queramos quitar a quien ya carece, optar por una postura de indiferencia y, peor aún, el que ni siquiera a nuestros hijos les queramos consumar sus necesidades más primarias como lo es el dotarles de alimento.
Si bien he creído que Dios está ahí para ayudarnos cuando más requerimos y nos coloca en el lugar indicado para poder arrimar un poco de pan al hogar, cómo es posible que se aferren del nombre "Jesús" para hacer negocio y aprovecharse de mentes más débiles y carentes de lucidez cuando, dichas cabezas, no pueden siquiera con el peso que ya cargan de su prole o su responsabilidad familiar.
Con esto, sostengo que Dios no necesita que se haga limpieza en su santuario mientras que, en casa, todo es un desorden; que Dios no necesita que le demos dinero cuando en casa se padece de suma austeridad económica y, cuán pendejos seguimos siendo al saber que, con la entrega de cierto diezmo forzado, lo único que haremos será el carecer más y enriquecer a quien realmente no "hace nada" por obtenerlo... sólo por mentar en su boca el nombre de "el salvador".
Y mientras tanto, qué?? Seguiremos dando de lo que tanto carecemos para así "poder entrar al reino de los cielos"?? Seguiremos apoyando a la iglesia (cualquiera que esta sea) mientras que ella no nos apoya siquiera un tantito en lo mundano?? Acaso se resolverán nuestros conflictos familiares y económicos sólo con contar con el apoyo moral y cierto trajín de mentiras que sólo nos apendejan más??
En verdad no lo digo por mí... pero me encantaría que decenas de personas abrieran por fin sus ojos y se percataran que, Dios, es otra "cosa" muy diferente a lo que nos intentan "meter", que el dinero es de los hombres y para el uso de los hombres (no para Dios) y que no existe más prioridad en esta vida que lo que poseemos tanto humano y familiar como material, que lo moral lo podemos coger sólo observando y haciendo el bien y que es preferible tener aseado nuestro lar mucho más que aquel púlpito donde rezan repetidamente las palabras sabias que, por desgracia, nosotros como simples mortales y humanos no logramos comprender y descifrar para vivir mejor.
No se ofendan... no lo hago con esa intención... Sólo deseo en verdad que no sean tan pendejos y abran los ojos a la realidad, a su realidad, a la realidad de esta vida y de este mundo.
Qué ciegos nos ponemos en ocasiones ante las necesidades ajenas. Qué tanto intransigentes, absurdos y necios.
Si bien las propias demandas nos exigen el tener que trabajar más y no logramos sino sólo lo necesario, qué postura tan estúpida resulta pues la de ponernos reacios a negar la de los demás.
Qué estúpido resulta también el que, aún sin tener para dar, queramos quitar a quien ya carece, optar por una postura de indiferencia y, peor aún, el que ni siquiera a nuestros hijos les queramos consumar sus necesidades más primarias como lo es el dotarles de alimento.
Si bien he creído que Dios está ahí para ayudarnos cuando más requerimos y nos coloca en el lugar indicado para poder arrimar un poco de pan al hogar, cómo es posible que se aferren del nombre "Jesús" para hacer negocio y aprovecharse de mentes más débiles y carentes de lucidez cuando, dichas cabezas, no pueden siquiera con el peso que ya cargan de su prole o su responsabilidad familiar.
Con esto, sostengo que Dios no necesita que se haga limpieza en su santuario mientras que, en casa, todo es un desorden; que Dios no necesita que le demos dinero cuando en casa se padece de suma austeridad económica y, cuán pendejos seguimos siendo al saber que, con la entrega de cierto diezmo forzado, lo único que haremos será el carecer más y enriquecer a quien realmente no "hace nada" por obtenerlo... sólo por mentar en su boca el nombre de "el salvador".
Y mientras tanto, qué?? Seguiremos dando de lo que tanto carecemos para así "poder entrar al reino de los cielos"?? Seguiremos apoyando a la iglesia (cualquiera que esta sea) mientras que ella no nos apoya siquiera un tantito en lo mundano?? Acaso se resolverán nuestros conflictos familiares y económicos sólo con contar con el apoyo moral y cierto trajín de mentiras que sólo nos apendejan más??
En verdad no lo digo por mí... pero me encantaría que decenas de personas abrieran por fin sus ojos y se percataran que, Dios, es otra "cosa" muy diferente a lo que nos intentan "meter", que el dinero es de los hombres y para el uso de los hombres (no para Dios) y que no existe más prioridad en esta vida que lo que poseemos tanto humano y familiar como material, que lo moral lo podemos coger sólo observando y haciendo el bien y que es preferible tener aseado nuestro lar mucho más que aquel púlpito donde rezan repetidamente las palabras sabias que, por desgracia, nosotros como simples mortales y humanos no logramos comprender y descifrar para vivir mejor.
No se ofendan... no lo hago con esa intención... Sólo deseo en verdad que no sean tan pendejos y abran los ojos a la realidad, a su realidad, a la realidad de esta vida y de este mundo.
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