viernes, 7 de agosto de 2020

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No ha sido una o dos veces que he leído cierta sentencia amorosa que suelen usar algunos enamorados para demostrar que siguen prendados de su compañer@.
El punto en específico que refieren es que: "cada amanecer a su lado, es la única felicidad que predomina o es el inicio del nuevo día con el brío de siempre e igual de enamorad@... como en un principio"... bla, bla, bla.

Ya algunas veces he recibido el mote de "amargado" y no, no es de lo que hoy me quejo; sino que indago si realmente lo anterior expuesto puede ser cierto o posible porque, según creo, son sólo frases que se dicen al cónyuge con el afán de atención, de mero romanticismo, de muestra de cariño o con el malévolo fin de "escucharlas de regreso"... porque, de que las hay, las hay!

Supongo que nunca fui suficiente para quien acompañó por más de veintitrés años mi vida y, lo he dicho hasta el cansancio aquí, que yo fui el primero en cometer el error que dio inicio a nuestra ruptura mas, más que hurgar en cosas del pasado si fui o no suficiente, quiero entender que no es posible el poder "amanecer siempre con el amor a flor de piel".
Casi sostengo que no es posible!

Se necesitaría realmente estar embrujado, haber consumido un brebaje o tener un poco de basura revolviéndose en nuestra cabeza para no "despertar" a lo inevitable: la rutina, la cual, sin dagas o espinas, van mellando lentamente a todo ese amor que "se profesa".
Y, si van a salirme con que hay que retroalimentar y renovar al amor constantemente, díganme si ya lo consiguieron y cómo! ...porque yo sencillamente no pude.

Casi puedo asegurar que mi compañera de vida obtuvo treinta mil quejas mías a lo largo de nuestros años y, no por eso, me considero un pendejo para amar o alguien inservible para cosas del amor... y, de manera obvia, no escribiré aquí ni una sola queja o reclamo hacia mi esposa... eso sería lo más baboso que pudiera hacer en este espacio.

Si la respuesta es "sencilla" háganmela saber (aunque me cobren) pues, casi puedo imaginar que me responden: "...es que, si vas a copular todos los días, pues cambia poquito al menos la orientación de la cama para que 'no se vea igual' que anoche..." o "...busca cosas nuevas como disfrazarte, vendarle los ojos a ella, ver una película porno... HAY MIL MANERAS, CHINGADO!"


De verdad, y ya en serio... se puede siempre al despertar olvidar en totalidad al mundo exterior y saberte entero y pleno con tener a alguien al lado?
Se puede? Sin tener qué pensar en la necesidad del dinero y los tantos y tantos pagos, compromisos y horas invertidas en arreglos, comida, limpieza, sueño y un mar de asuntos más!??

No, no me repitan frasecitas cursis de películas... díganme realmente qué les ha funcionado y, entonces, dejar de pensar que es imposible, entenderlo de "otra forma" y tratar de digerir con ello mi fracaso y decepción.

jueves, 9 de julio de 2020

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Este blog nunca fue creado con la firmeza de quejarme o de lanzar piedras al viento (con nombre y sitio) para que cayeran cual duras y pesadas son sobre ciertas cabezas.

No me recuerdo en sí si, luego de crearlo, me percaté de que tenía el "poder" de escribir y plasmar aquí lo que quisiera, el tiempo que quisiera y desterrar de mi mente, recuerdo y sentimiento cuanto se me ocurriese.
Así pues, inicié una travesía textual de la cual nunca he querido soltar o alejarme.

Y es que forma parte del desahogo, del inventar e imaginar situaciones o sucesos, del plasmar de los sueños, del vivir enamorado (a mi manera), del entablar un diálogo sin música o del simple echar las letras al ciberespacio para dejarlas como vestigio del que un día fui.

Mas, es más marcado en estos días, que cierta vacuidad se anida de manera casi perpetua en todo mi quehacer; la pandemia que vivimos nos limita enormemente y no deja resquicio ni siquiera para poder respirar lo gratuito de la vida... qué decir de lo económico.
Qué decir de las tertulias, de las visitas, los besos o los abrazos, de los festejos, las vacaciones... tanto y tanto gel antibacterial, alcohol y cloro sanitizante sólo nos dice que no podremos desinfectar el universo por mucho que lo apliquemos o lo usemos... (Y lo peor, debilitamos a nuestro poderoso sistema inmune).

Con este día, casi suman cuatro meses de asueto artístico y es sólo a través de las redes sociales y una que otra plataforma en streaming que nos puede sostener activos cuando, aseguro, la música debe ser considerada esencial... pero, vuelvo, resulta extremadamente lamentable el descontrol a lo que todo esto ha desembocado.
No conozco persona alguna que viva sin música en su derredor... personas que, incluso, disfrutan del 'canto' de las aves como algo simple y gratuito que la naturaleza nos brinda (y otros tantos estudios que sostienen que, con música, hasta las plantas crecen mejor o los animales cambian para bien su estado de ánimo mejorando a la vez el producto alimenticio que ofrecen al ser humano).


Pero, vaya... vaya al olvido este dos mil veinte, vaya a la mierda cada decisión errada de quienes han protagonizado este caótico momento mundial; vaya al desván (a esperar un mejor año) cada beso, cada abrazo, cada soplo al oído y cada nota que ha quedado muda tanto en mi voz como en mi guitarra gracias a esta pandemia sanitaria.

Es por demás subrayar la austeridad económica por la que estamos pasando todos y cada uno que nos dedicamos a las artes, al entretenimiento y/o a la farándula.
Sólo deseo que podamos aferrarnos al amor mismo tan fuerte que nunca nadie nos mire caer... porque, de hambre y deudas, ya han caído algunos tantos.

viernes, 5 de junio de 2020

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Ciertamente, aún no existe un manual para librar el laberinto.

Y si anteriormente, en cada viro existía alguna probabilidad, en esta actualidad pareciera que el "qué más da" es el que predomina o resulta ser "la opción más recurrente".
Duele decirlo, pero es así de contundente.

Lo peor es que nunca supe de cierto en cuál de los momentos, estando inmerso, opté por virar hacia lo vacío, hacia donde no existe más que una poca de credulidad, una pizca de razón o un trozo minúsculo de amor y que "debe ser repartido" en todo, en cada cosa o ser que rodea mi entorno y aún así dejar para mí la "parte sobrante" para poder vivir.

Muchas personas aseguran que con sólo un poco de amor se sobrevive o que con ese mismo poco basta para andar, para cantar, para escribir, para hurgar e intentar a la vez seguir llenando la vasija interior o impedir que ésta se vacíe por completo... luego asomo a la mía y ella es el reflejo de mi entorno, de la parte hueca del dédalo la cual intento de alguna forma reconocer sin conseguirlo.

Y, ciertamente, aún no existe un manual para librar el laberinto.

Nadie tiene la "razón precisa", la "última y definitiva respuesta", el "color adecuado", la "sabiduría suficiente" e incluso "la cordura tal" para poder sobrellevar cada devenir que asoma en este año que ya ha transcurrido en más de su mitad y que, si bien ahora observo desde mi prisma, seguramente existen decenas de cientos más en el orbe que ni siquiera saben "en qué o en dónde están metidos".

El mundo se carga con monigotes que terminan siendo fantoches manipulados por algunas manos que, en apariencia, sugieren saber más del movimiento teatral que "la gran mayoría" y, de manera muy lamentable, pareciera ser que cada uno de nosotros nos encontramos en dicha mayoría pues son muy contados los que "pueden mover las fichas" con cada jugada... aplicado al dédalo, cada vez menos aseguran saber el cómo escapar de él sin que se nos diga la solución al acertijo.

Luego, por otro lado, aquellos que sencillamente se mueven (aunque en círculo) y nos infectan de cierta ingenuidad que, soslaya quizá, la "probable solución"... la manera "correcta" de vivir, la desgana total o la desfachatez o la sencillez extrema que ya hemos perdido por creernos más sabios que antes...


Aún no existe un manual para librar el laberinto, no hay fórmula, opinión, sugerencia vital o razonamiento confiable... sólo se divisa, incluso en las paredes huecas, un inmenso vacío que te grita que es más vano retroceder que seguir avanzando...
Y terminas andando vacío de lágrimas, de ideas, de entusiasmo, de palabras, de sueños y caricias... sin frío, sin temor, con crepúsculos en "blanco y negro" y con la certeza de que ahora sí estás mucho más perdido estando, según tú, afuera o paralelo al dédalo.

viernes, 1 de mayo de 2020

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Perdona, perdona que no conteste a esa pregunta...
A esta altura de mi vida ya he lastimado a tantas y tantas personas que volvería a hacerlo al tú cuestionar...

Y es que sigo siendo el mismo...
El mismo estúpido que observa, que detalla, que desgrana a detalle cuanto le ocurre o cruza por sus ojos y, lamentablemente, sólo ha quedado en eso... no termino por aprender.

Perdona, perdona que no te visite más...
Y es que me he encerrado tanto y tanto en mí por el simple motivo de que soy un estúpido egoísta que se demanda lo que no tuvo en su ayer y que, intuye, que ahora es el momento, mi momento... (aunque termine siendo el mismo solitario que conociste hace décadas)

Y es que sigo siendo el mismo...
El mismo estúpido que demanda, que atañe, que juzga y que juega las mismas cartas esperando alguna vez ganar y, lamentablemente, poco a poco agoto la apuesta... no suelo remontar.

Perdona, perdona que no me escuches más...
Porque no pararía de relatar, de reclamar, de contar la misma historia que escuchaste años atrás y que, lamentablemente, sólo me orillan a llorar... no termino de llorar.

Y es que sigo siendo el mismo...
El mismo estúpido que alguna vez creyó en el amor, en la construcción férrea de una relación y que, por sobre todo, nunca descubrió la fórmula perfecta, la que llegara y me llevara hasta el final de mis días con fe... no concluyo en oración.


Perdona, perdona todo esta ocasión...
Porque me he convertido en el más estúpido, en el más callado, el que carece de respuestas o palabras y el que, dentro de su encierro y egoísmo, no termina por aprender de la vida, de tu vida, del amor o del mismo laberinto que me arrojó desnudo a su exterior donde, al parecer, sólo me queda llorar.

sábado, 4 de abril de 2020

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Es realmente una pena el que no exista un "manual" para poder trabajar y "manejar correctamente" el consciente y el subconsciente.

Y es que ha sido obvio el daño psicológico (al menos) que he provocado a algunas mujeres que han pasado por mi vida, que han estado cercanas o que formaron parte vital en el devenir mundano y existencial.
Mas, no puedo asegurar que lo hice de manera "consciente o inconsciente".

Puedo creer quizá que, ellas, sabrán guardar distancia y/o mesura entorno a ello y han decidido "no hacer ruido", dejar que la vida se suceda o sencillamente dar "el siguiente paso", seguir el camino y no meterme en conflictos que me convertirían en un verdadero animal que sólo se deja llevar por el instinto.
Y, sobre todo este último, el instinto animal, ese que nos mueve en demasiadas ocasiones y que sólo trae reacciones arrebatadas, no suele sino sólo conflictuar más cualquier situación.

No quiero parecer misógino nunca, pues no lo soy. Amo la entereza, capacidad, fortaleza, mesura, integridad y belleza de la mujer y, como hombre que gusta de ellas, es lógico que también sienta atracción física y sexual por su género e, insisto, ha sido una verdadera lástima que, tanto el subconsciente como el propio consciente quizá, me haya hecho cometer estupideces enormes en ellas debido a que "no cuento con un manual" y nunca contaré con él... ésto, es sólo un decir.

He preferido callar ante tanto movimiento y revolución femenina que se gesta en estos días y, pareciera ser, que así (calladitos los hombres) "nos vemos más bonitos" pues, haciendo un auto análisis, deduje que yo también tengo "cola que me pisen" entorno a agresiones y malestares tanto físicos como psicológicos en al menos tres de las mujeres que por mi vida han pasado.

Pero tampoco es éste texto una especie de confesión... se ha vuelto más una confusión lo que predomina en mis días que cualquier otra causa o razón.
Ese constante analizar de mi entorno, lo que descubro con cada día en los demás (incluso en ellas mismas - las mujeres), lo que escucho en las noticias, las quejas, los "avances", las posturas, los recuerdos... todo se vuelve una vorágine de opiniones y/o teorías que sólo se obstruyen entre sí y terminan en una especie de desfiladero sin fondo.


Perdonen... quizá soy el más pendejo e ignorante en todo el tópico y respecto... lo cierto es que no existe (ni existirá) un manual para poder manejar con eficacia tanto el consciente como el subconsciente... y, seguramente, seguiré cometiendo más que una y diez pendejadas entorno a la mujer.

Ruego e imploro, sepan perdonarme por ello... mil veces más.

lunes, 2 de marzo de 2020

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Después de encontrar un empleo de tiempo completo, me he encontrado también con algunas personas afines al altruismo. Ellas, al igual que yo en múltiples ocasiones, también gozan con la satisfacción que trae consigo el ayudar.

A pesar de todo esto (y de incluso decirles personalmente de mi postura) no he terminado por entender a aquellos que, siendo beneficiados por mí o por algún otro afín altruista, éstos optan por "no dejarse ayudar" y prefieren acudir a quienes sólo lucran con su servicio.
Ya me había dicho alguien que no somos "monedita de oro" y, es lamentable, que estén "ciegos" ante la ayuda.

De manera más lamentable aún esto es algo que no puedo dejar de hacer. Muchas veces he recurrido a mi bolsillo para aligerar el gasto a otros o de transferir mis conocimientos sin cobro alguno y, extremadamente más lamentable aún, es percatarme con el paso de los días que, aquellos a quienes ayudé, sencillamente presumían de que habían obtenido algo "a costa de un güey que aceptó recibir menos o nada por algún bien o servicio".

Actualmente, existen quizá una tercia de personas que no terminan por saldar su deuda conmigo... alguna deuda acordada en su momento y que concluyen en "sólo desaparecer", "darse a la fuga" o alejarse de mí... como si con eso se quitaran del compromiso o con el paso de los días todo se lo llevaría el olvido.
En todo caso, sí, parezco un perfecto pendejo ante ellos.

Quienes tienen un negocio propio y están cercanos a mí, muchas veces me han aconsejado que cambie mi postura que, de no hacerlo, sólo recibiré decepciones y malos ratos; que cobre a quien me debe y que no haga tratos superfluos sin tener alguna garantía por el movimiento, labor o servicio.
Quiero creer que su experiencia negativa ya ha sido más constante en ellos que en la mía propia y es por ello que me recomiendan tal actitud o postura.


Lo difícil radica en cambiar.
Y no sólo me refiero a mí (en el caso de ser más frío en los negocios o transacciones que realizo) sino también a aquellos quienes "prefieren" aprovechar alguna ocasión, momento o altruismo ofrecido por quien sea (o quien "se deje").

Es, pues, lamentable el que dichos cambios no puedan ocurrir con sólo decirlo.

sábado, 1 de febrero de 2020

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Estos días han sido relevantes en cuanto al ámbito musical de mi pasado refiere.

Por ejemplo, el buen amigo Edxon Castro me envía algunos vídeos tomados desde un celular entre el público de aquella agrupación musical a la que él perteneció por muchos años y que yo conocí en 1990 en Cabo San Lucas (B.C.S. México).
Está por demás decir que una vorágine de hermosos recuerdos inundaron mi sentimiento casi al punto del derrame de alguna lágrima. Mi juventud era plena en ese entonces y "podría comerme al mundo" de haberlo deseado.

Y, siendo sincero, no he escuchado o visto todos esos archivos... bastó uno sólo para que todo eso acudiera a mi remembranza y sentir pues, lo consecuente de aquella estadía en Cabo San Lucas, sería también determinante para mi actualidad; con lo que, los nombres de algunos, son muy, muy relevantes.
Rápidamente recorrí veintinueve años en mi memoria y aún sigo en esto aunque ya han transcurrido algunos días de ese suceso.

Por otro lado, estuve viendo en YouTube algunos programas del comediante Franco Escamilla donde juega billar en su lar con algunas celebridades para otorgar un apoyo económico a alguna institución de beneficencia y donde estuvo "compitiendo" con Edgar Oceransky.
Ahí, los nombres de muchos más salieron a relucir entre anécdotas y experiencias personales del invitado, todo esto, apoyado por las preguntas que el anfitrión hace a quien "compite" contra él.

Los nombres de los lugares donde la música de trova era menester propio de un pasado saltaron hasta mis oídos trayendo consigo sonrisas fugaces, recuerdos imborrables y muy entrañables y alguna que otra sorpresa asomó quizá para mí desde dicho programa.

En mi remembrar, intenté deducir el por qué fue que no me dediqué "de lleno" a ese mundo bohemio y de canción si aún sigo inmerso en la música y, mis presentaciones, siguen siendo con una guitarra y mi aguardentosa y desgastada voz.
El "Sapo cancionero", "El Breve Espacio" (estos dos en la hermosa Ciudad de México) o las decenas de presentaciones en el "Rojo Café" en Guadalajara... ahí donde pululaban con su arte sonoro muchos de los tantos nombres que Edgar mencionó entre cuestionamientos y relatos y que yo tuve tan cerca sin poder concluir en ellos como uno más "del gremio".

Hace tiempo decidí escoger algún tema de este referido grupo de trovadores y hacer mi versión para mis contactos en Facebook que, por lo general, son muchos de estos mismos... y, si bien fui invitado hace un par de años para formar parte del grupo "Canción viva" (comandado por el finado Alberto Escobar y el compañero Gerardo Ochoa) observé en algunas de las reuniones el cómo sencillamente los jóvenes trovadores "nos iban desplazando" a los más veteranos.
Es obvio suponer que la generación de trovadores a la que "pertenezco" sirve de cierto apoyo a esos "nuevos " que incursionan pero, es lamentable y triste, que en muchas de sus juveniles reuniones no nos tomen en cuenta.

En fin... El punto es que, mientras Edgar Oceransky comentaba, yo me veía al lado de alguno de tantos aquellos a quienes mencionó y donde, en definitiva, hoy "me sostengo y permanezco en solitario" sin formar parte activa de ninguno de esos círculos donde los trovadores se desenvuelven y/o conviven.
Algunos de ellos me consultan; otros me invitan a sabiendas que tengo trabajo nocturno y no descanso los días que ellos sí... y a fin de cuentas no logro penetrar en sus perspectivas profesionales.

Yo quise, en su momento, ser tomado en cuenta más como músico que como compositor y quizá esa fue la razón por la cual fui "eliminado" de alguna posibilidad a futuro.
Algunos grupos versátiles se fijaron en mí; otros compañeros tecladistas me consideraban para hacer dupla bohemia en algún Piano-bar y mi "necesidad" de abarcar un poco más los ámbitos me han orillado, extrañamente, a seguir en solitario.


No sé, en resumen, a dónde más me acercaré musicalmente, quién me requerirá para su proyecto en alguna grabación o si seré de alguna vez por todas tomado en cuenta por aquella horda que convivió conmigo trovadoramente en el pasado pues, muchos de ellos, no han claudicado en su lucha por ocupar un lugar importante en el medio musical y, pareciera ser, que yo sólo los miro en su desarrollo.

Y no, no es una queja, reclamo o postura, es sólo una observación a todo este respecto.

sábado, 4 de enero de 2020

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Extrañamente, este dos mil veinte susurra en mi mente decenas de recuerdos... desde los que datan de lustros atrás hasta algunos de menor antelación y, todo, sólo por revisar lo que había en mi bandeja de entrada en el e-mail.

Han estado presentes situaciones que, en aquel entonces, parecían de poca trascendencia y hoy día observo cómo lograron atravesar parte de la razón y situarse en un sitio importante en el haber de mi vida y de alguien más que compartió dicho momento.

Personas que solían acompañarme algún viernes, por ejemplo, y que ya no lo hacen más; compañeros de trabajo de los cuales "envidio" su quehacer haciendo una absurda comparación con el mío y que, a fin de cuentas, sólo ha sido por mera convicción de no trocar la actividad que poseo.

Supongo, que todos tenemos ese instante para recapacitar, para sopesar lo acontecido en el año que concluye y, la realidad, es que sólo eso ocurre gracias a un "medidor" social al que llamamos calendario donde las fechas se repiten y conllevan al consumismo cuando, el hoy, es el único importante al darnos la pauta para decidir lo siguiente por hacer.

Y no es mi caso. No soy de los que suelen hacer "planes" para los trescientos sesenta y cinco que vendrán o de los que echan en papel o a la basura los mismos trescientos y tantos que pasaron... sólo vivo y amo trabajar pues, desde ahí, sostengo que todo se logra: se hacen nuevos amigos, se cobra mejor experiencia, se pule lo que bien se sabe y se aprende enormemente con los que se acercan aún si siguen siendo los "habituales" o los que ya no lo hacen.

Y son pues los que ya no están tan presentes que nos enseñan mucho más... qué decir de los que han fallecido.


En un inicio, mi texto pretendía ser un rebuscar de frases que aportaran un poco al pensamiento de mis lectores y terminó convirtiéndose en sólo un simple monólogo con poca esencia... poca, para los que suelen saberme y conocerme y, un tanto más, para mis adentros que siguen repasando escenas, momentos, situaciones y conversaciones que aún existen dentro de mi bandeja de entrada en el correo electrónico.

Llegará el día en que muera y, entonces sí, saldrán a la luz decenas de cosas que serán inentendibles para todos quienes me conocen o creen conocerme y, asimismo, formaré parte también de su recuerdo y del recuerdo mismo.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

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Parecía una mañana tranquila donde la actividad de un miércoles cualquiera se gestaba con lo habitual, con lo cotidiano, con la espera del siguiente viro del dédalo "visto desde arriba".

Si mal no recuerdo pasaba un poco de las trece horas cuando recibí un par de llamadas insistentes por vía WhatsApp y que, por lo general, nunca contesto dado el pequeño retraso que muestra el audio debido a nuestra conexión de Internet.

Mi hija se escuchaba preocupada pues, si bien había marcado desde el celular de su madre, me refería que ésta última yacía desde hacía más de diez minutos sin volver en sí luego de haber sufrido un desmayo... luego sería una encargada del establecimiento comercial donde se encontraban quien tomara la llamada para preguntarme si podía llegar a la brevedad al lugar.

A mi arribo, ya un paramédico atendía a la señora tratando de reanimarla y buscaba (bajo una serie de preguntas y peticiones de repetición física en ella) descubrir si habría sufrido de algo más severo en su cráneo pues, en la caída, se golpeó una ceja, la cual, sangraba poco, pero ofrecía la sospecha.
Miré a mi hija temblando e intenté tranquilizarla al decirle que todo estaría bien, que justamente en casos así sólo los médicos y especialistas tienen el "poder" de atender a su madre y que era justo lo que aquel hombre hacía.

Para ese momento ya no había ni un sólo mirón en el lugar y, como siempre, la pena de ser el "centro de atención en alguna calamidad" mantenía a la señora con esa zozobra antes de poder alzarse... algo que no ocurrió pues tuve que cargarla al auto y trasladarla a casa luego de que se negara a ser atendida por la benemérita institución de salud; así que, una ambulancia, nunca arribó al lugar.

Ya en casa ella misma pidió ser llevada al hospital civil de esta ciudad para poder así tener un "seguimiento médico especializado" dado que, con frecuencia y ahora más marcado, había padecido de intensas migrañas que obstaculizaban su actividad y ya sumaban más preocupación que "lo normal".

No haré tan extenso mi escrito... Si bien pudimos llegar a urgencias del hospital alrededor de las catorce treinta horas de ese mismo día, no fue atendida sino hasta trece horas después en otro hospital siendo ya las tres de la madrugada del día siguiente... la incredulidad de los médicos de guardia esa madrugada ante nuestro relato era notoria al preguntar "¿por qué no la trajeron antes? ¿por qué hasta esta hora vienen?"

Es por demás detallar el desespero e impotencia que nos embargó tanto a mi hijo mayor quien me acompañó al hospital al percatarnos que, parecía "que jamás nos atenderían"... ahí, sólo las urgencias mayores fueron atendidas mientras, más de treinta personas en la pequeña sala de espera, sumaban horas y horas sin, insisto, ser atendidos en su malestar o dolencia por algún médico que, teniendo en cuenta la saturación del lugar, saliera para dar algún medicamento "de momento" y mitigar siquiera un poco el sufrimiento de todos ellos... incluida la madre de mis hijos.


Lamentablemente sucedió lo que no queríamos... que solamente fuera "controlada en su dolor sin tener un seguimiento médico especializado".  De haber ido en inicio a la Cruz Roja no habríamos perdido tantísimo tiempo en ningún nosocomio.

Es sumamente lamentable, profundamente lamentable, este tipo de desatención y, lo digo, en nombre de todos aquellos quienes padecieron las horas al igual que nosotros... con su dolor físico a cuestas, sin poder introducir alimentos al lugar pues, gracias al cuerpo de seguridad privada del lugar (un pendejo grupo llamado "Centurión") eso resultaba imposible... eso, entre otros tantos detalles que mermaban tanto el ánimo como la esperanza por el bien común.

Esto, esto es mi querido México y su cuarta transformación...

domingo, 10 de noviembre de 2019

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Alguna ocasión pude ver en algunos vídeos comparativos la medida del planeta que habitamos con otros que circundan nuestro sol.
En ese entonces mi entender sólo daba para apreciar lo inmenso del universo o lo amplio de otros astros.

Así, los días pasaron, se hicieron las noches, las citas, los compromisos, las rupturas y todo cuanto puede ocurrir a un ser humano en comunicación constante con su entorno... mas, entonces, llegan los problemas o las enfermedades.

Y muy independiente a lo personal, mi observación se centraba en los demás, en el cómo es que se encerraba la propia persona en su mala fortuna o en su desgracia... mientras, fuera de este mundo, la vida y el movimiento continúa inexorable.

Los vi pedir, suplicar, llorar o postrarse ante imágenes mundanas y físicas que representaban a sus deidades para mitigar su dolor o amainar sus problemas cuando, fuera de este mundo, la vida y el movimiento continuaba inexorable.

Supongo que, desde la Estación Espacial Internacional, el mundo se puede apreciar hermoso, colorido, imponente, majestuoso... más que maravilloso y, si observamos un poco más intrínseco (o "hacia el otro lado") veremos que nuestros ojos no pueden ver más que el infinito; el "negro" espacio donde nuestro planeta orbita o "se encuentra suspendido".

Pero, vaya, lo que intento resaltar en mi texto es justamente "el tamaño de las cosas".
Si bien ya mencioné la majestuosidad de nuestro minúsculo planeta (comparado con otros), cómo puedes tú creer que 'tus problemas' o tus enfermedades son los más grandes, los imposibles de librar, los más difíciles de sortear y no pueden tener una solución?

No puedes ser visto desde una altura relativamente elevada (digamos unos cinco kilómetros), esperas acaso que tus 'enormes' problemas realmente lo sean cuando ni siquiera eres perceptible a tan corta distancia, a tan minúscula distancia tomando en cuenta la vastedad del universo mismo?


Por favor, no caigamos en estupideces al asegurar que nuestros problemas son 'tan enormes' que no pueden encontrar una solución... pues insisto, en la vastedad del universo, sencillamente somos nada... menos que polvo.
Yo mismo atravieso por uno importante en estos momentos y la gente (o el universo) ni se percata de ello... esa misma gente que hoy te rodea, que comparte contigo este micro espacio llamado Planeta Tierra y donde, seguramente, también sortearán alguna vicisitud en cierto momento de sus vidas.

No tiene, pues, ninguna relevancia para el cosmos lo que te ocurra a ti, a mí, o a los millones de personas que pueblan este insignificante y menos que microscópico planeta.