sábado, 14 de octubre de 2017

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Habrá decenas de cosas que no terminemos por entender cuando se cuenta sólo con veinte años de edad... aún así que nos haya caído un árbol encima, hayamos padecido de violencia o habremos matado a alguien.

Lo minúsculo del existir podría llevarnos mucho más lejos que eso y, a pesar de, no lo podremos atisbar siquiera en el entorno o en el quehacer cotidiano.

Habrá centenas de cosas más que no terminemos por entender cuando se tienen sólo treinta años de edad... aún así hayamos generado la escuela del amor o hayamos leído la misma cantidad de libros  como para tener la sapiencia necesaria para no indagar más por la vida.

Lo minúsculo del existir siempre llevaría la pauta entre una página u ottra del libro abierto y seguramente lo pasaremos por alto aún teniéndolo al alcance de los hechos.

Habrá miles de cosas que no terminaremos por entender aún teniendo cincuenta años de edad... aún si la familia ya crece, se reproduce y arriba un nuevo ser ante nuestros ojos; en el lecho, ganará el insomnio por semanas, vivirá la incertidumbre del mañana y todo el pasado se sentirá más que vano o escueto.

Lo minúsculo del existir predominará ante cualquier adversidad, positivismo o realidad cruda que podamos establecer en el seno o ante cualquier ente que habrá acompañado para entonces nuestros días.


Podremos observar en el espejo a aquel que fue, al que probablemente será y el que terminará por ser ante la pequeñez de este existir...
Y, aún con sesenta años de vida, la probabilidad de sólo tener una cosa inentendible del todo terminará por consumirnos sin haber sabido el por qué del todo, el rumbo de la vida o el simple hecho del por qué hemos estado aquí peleando por nada... para nada.

jueves, 28 de septiembre de 2017

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Sólo es cuestión de cerrar los ojos por un momento para que regresen las imágenes al recuerdo, para poder ver aún así el sufrimiento y padecer de muchos...
Para entender que hoy tienes poco y en segundos ni siquiera un grumo.

Sólo es cuestión de cerrar los ojos un instante para volver a sentir la lágrima que escapa acompañada por el dolor solidario... ese que tu propio instinto posee y que no puedes erradicar por menos que desees no cerrar una vez más esa ventana a la luz.

Sólo es cuestión de cerrar los ojos por un momento para que duelan los niños, los jóvenes, los ancianos, los no conocidos que están allá y que, a pesar del todo, aceptan con enorme valor el laberinto que tienen frente suyo colmado de ruinas.

Sólo es cuestión de cerrar un momento los ojos para repetir un diecinueve de septiembre colmado de desgracia, de polvo, de escombros, de decenas de ulular de sirenas y de volver a encontrar en las calles a un sólo corazón en miles de personas.

Sólo es cuestión de cerrar los ojos por un instante para volver a sentir lo frío de la lluvia que llora con nosotros, que lava un poco la sangre y la impregna en este hermoso país que habito y que muchos más miran con respeto, reverencia y admiración...


Sólo es cuestión de cerrar los ojos un breve momento para que surja desde alguno de ellos la lágrima colmada de tristeza... el problema es que mis ojos ya confunden el cerrarse por un instante a su simple parpadear...

viernes, 15 de septiembre de 2017

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De nuevo mis sentidos y mi razón se encuentran por demás desorientados, perdidos en el exterior del laberinto que, si bien se supone que estoy fuera, de alguna forma aún me siento dentro.

Que si bien decidí no apoyar respecto a eso, de alguna forma me volví a ver inmiscuído y me dejó horas enteras sin dormir debido al trance, a la incertidumbre, al celo, al volver a sentirme engañado... al volver a recordar que todas mis frases fueron en vano y que ya nada de eso importa.

Que si bien me habíais dicho que ello no tenía nada qué ver conmigo o con lo que había depositado en ti, mi interior sencillamente no lo pudo digerir y volvió a caer en ese trozo de perdición, en esa punta que lastima, en esa llaga que creí sanada... y volvió a sangrar desde mis ojos.

Que si bien había resuelto el no volver a mencionar nada de esto: heme aquí... queriendo sostener desde mis dedos las grafías para apropiarme de las palabras que mejor definan mi duelo, duelo, que de manera obvia sólo es mío y que no trascenderá en nadie más pues, si no puedo expresarlo, mucho menos podrán entender los demás.

Que si bien también desde tu silencio posterior lo manejaste a tu antojo, tuviste antes qué hacerme partícipe aún sin yo desearlo... y la pregunta de aquella, y de esa otra persona que casi pude ver en su rostro sus enormes ojos al saberme tras el auricular cuando marcaron para escucharte, claro está, sin tu respuesta.

Que si bien creí todo eso "controlado", sólo acertó en relucir el control real que aún posees sobre mí.
Que si bien mi tranquilidad ya se había postrado de cierta manera cómoda en mi quehacer y derredor, se volvió a mudar a no sé dónde...
Que si bien mi cariño volvía a renacer (o al menos trataba) después de esto no seré capaz siquiera de mirarte a los ojos...


Nunca, en verdad nunca entenderé la llamada "naturaleza del hombre"... no creo saberlo ni en diez vidas; mucho menos tratar de comprender a la mujer y a ese deseo de permanecer perenne sin darse cuenta que, la dignidad de la edad, es algo que merece un respeto y admiración mayor... y no un simple cumplido al lucir una mejor presentación.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

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Cómo descifrar esa sensación que trae el hacerte sonreír...
Cómo olvidar tantas y tantas situaciones o bromas que, salidas desde este humilde escriba, provocaron que tus mejillas se sonrojaran y se llenara tu rostro con arrugas propias de la expresión...

Cómo descifrar esa sensación que trae el mirar tu caminar...
Cómo entender que hasta las cosas más sencillas como lo es el simple hecho de verte mueva tanto en el interior y pueda incluso trazar caminos húmedos en mis mejillas aún sin mediar palabra...

Cómo descifrar esa sensación que trae el mirarte andar desnuda...
Cómo controlar ese deseo de posesión, esa gana de arrancarte los pies, de sumergirme enteramente en tu interior, de ser tragado, de seguirte de soslayo por toda la casa hasta verte caer en cama en pro de un encuentro...

Cómo descifrar esa sensación que trae el extrañarte...
Cómo desear siempre ser aliado del viento, del sol, de la tierra o el agua para vida de poder estar a tu lado sin que ello sea un peso extra a tu actividad o provoque tu hartazgo...

Cómo descifrar esa sensación que trae el saberte cercana a alguien más...
Cómo dejar de llamarla celos y sólo entender que se trata de una gana de ser siempre tuyo y que seas siempre mía aunque entonces sí se pague el precio de lo cotidiano y canse...


Cómo descifrar esa sensación que trae el verte dormida...
Cómo desear que jamás puedan mis ojos mirarte así sin tener el precio de tu despertar...
Cómo descifrar esa sensación que trae hoy día el escucharte hablar... esa sensación que hoy resulta más que desagradable y que mi razón no entiende ese por qué...
Luego se dice que el amor cambia cuando, yo sólo reconozco una sola palabra:  amor.

lunes, 28 de agosto de 2017

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Aún así pasen los años, pareciera que seguirás igual...
Enormidad de ocasiones me pregunté qué tanto se había modificado tu entender y/o proceder basado en lo ocurrido o en lo que pudiera resolverse de tal o cual situación tanto hipotética como real y adversa.

Si bien, ni tres vidas bastan para adquirir una experiencia más que respetable para hacer frente a todo cuanto se nos atraviese en el quehacer mundano o sentimental, sí se puede creer en un cambio sustancioso después de casi veinticinco años de ir y venir por la vida de manera independiente... y qué pasa? ...que me demuestras que no.

Aún así pasen los años, pareciera que seguiré igual...
No supe en cuántas ocasiones te preguntaste qué tanto se había modificado mi entender y/o proceder basado en lo ocurrido o en lo que pudiera resolverse de tal o cual situación tanto hipotética como real y adversa.

Si bien, no sé qué tantas vidas continuas lleve sobre este mundo, supongo que mi recapacitar ante las cosas sigue siendo coherente y, si bien es de señalarse como presuntuoso mi comentario, a las pruebas me remito con respecto a todo ese ir y venir por la vida de manera independiente... y qué pasa? ...que de nada sirve.

Sospecho que lo peor de todo es que tanto tú como yo observamos nuestro derredor e intentamos retomar un poco de lo bueno que hay o que se muestra con resultados tanto pobres como retrógrados convirtiéndonos así en sólo víctimas de dicho exterior.


Habrá entonces qué vivir más, qué conversar más, qué experimentar más, y qué erradicar, qué volver a corregir y qué aprovechar cual si iniciáramos a vivir otra vez.

Aunque, pensándolo más profundo... quizá no te sirva de mucho todo lo que aquí expongo.

martes, 8 de agosto de 2017

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Pensando en cierta escases de textos en este espacio fue que una de esas tardes invité a un viejo amigo bloguero semi-retirado a participar de manera activa en este espacio.

Aquella tarde en que se lo propuse me encontraba al pie del mar con él explicándole incluso acerca del por qué también carecía de creatividad para hacer más canciones.
Él sólo observaba a lo lejos y hacía ciertos surcos y rayas sobre la arena y eventualmente me indagaba algo con breves palabras mientras yo "me deshacía" explicando y relatándole mi frustración.

En dicha conversa, le recordaba de algunos textos suyos que leí en cierto pasado y le hacía énfasis de admiración por el cómo era que llegaba a obtener la cordura necesaria o plena para hilvanar aquellos textos "redondos" que hacían vibrar mi entender y donde no le sobraba o hacía falta ni una palabra... o del cómo era que yo me enfrascaba más en redundancias y cacofonías.

En determinado momento llegó a tomar un poco de aquella arena en su mano y sin dejar de mirar al horizonte la desmenuzó a tal grado de casi quedar sin un grano entre sus dedos y entonces me dijo: "Te has puesto a pensar cuánto sabemos de 'algo' y cuán algo sabemos del todo?" - al tiempo que me dejaba sólo algunos granos de arena en mi mano...

Su frase nos llevó por cierto recapacitar más a fondo de lo que en inicio creí.
En dicho entretanto mencionó también que era mejor el "observar el dédalo desde fuera que estando inmerso en él" con lo que terminé por intuír que él también me leía.
Con el paso de las horas terminamos sin mediar palabra bebiendo vino tinto mirando el horizonte al borde del atardecer.


Supe entonces que no participaría aquí, que "me dejaría solo" desgranar las heces de la vida y que su colaboración ya estaba gestada con su frase.
Mi agradecimiento hacia él doquiera que esté... ojalá y pudiera ver la sonrisa que sembró en mi semblante desde entonces.

domingo, 23 de julio de 2017

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...y sigo observando desde fuera del dédalo.
Aquellos que sueñan con el matrimonio perfecto; que desdeñan oportunidades por mantenerse al lado del otro sin saber que, pasados los años, verán con tristeza que el cerco se cae o es derrumbado por aquel que se creía férreo e inamovible.

Aquellos quienes siguen soñando en que "se logrará" a pesar de haber sufrido una u otra decepción con la misma persona, que insisten sin imaginar siquiera que siguen perdiendo su valioso tiempo y hacen perder el de aquel...

Aquellos quienes consideran que, sin compromiso, es "más fácil" y corren menos riesgo de decepción cuando, les llegará su momento, en que se decepcionen por igual o mayormente aún sin tener papeles legales de por medio o el haber estado frente a un altar jurándose amor eterno.

Aquellos otros que se sugieran viajes, regalos ostentosos, detalles que terminarán siendo fútiles dados los fundamentos vagos que sostienen su relación... o peor aún, destrozando su economía creyendo que "no existe interés económico alguno" de parte de su cónyuge cuando, sabemos, todos deseamos estabilidad monetaria.

Aquellos más quienes siguen soñando el "formar parte" a sabiendas que jamás estarán ni en el último de los contratos, que sólo son "reservados para un poco de esparcimiento" o que definitivamente provocan hasta náuseas a la contraparte su sola presencia.

Aquellos quienes no entienden el natural paso de los años y desean "apariencia joven eterna"... qué más valor que portar orgulloso ese montón de arrugas y/o canas y saberse íntegro, pleno, vivido, con gran corazón aún y con experiencia para compartir o presumir.


...sigo observando desde fuera del laberinto... me reconozco así, lo vivo, lo palpo, me muevo, cito, comulgo, deduzco y concreto en que no habrá más dédalo para mí; que prefiero seguir observando y sólo sonreír ante lo falaz que dibujan o muestran muchas de las personas y parejas que ante mi mirada cruzan.

...a pesar de yo mismo cruzar ante la mirada de otros quienes me ven y también sonríen.

viernes, 7 de julio de 2017

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La carga a veces es difícil de llevar.
Te acompaña aún en las cuestas más empinadas del trayecto y aún así, el instinto propio, te orilla a entender que debes llegar al final del camino con ello a cuestas.
Hasta que optas por dejarlo al alguna esquina, al lado de una roca o "en espera a un mejor momento de fortaleza para poder seguir cargándolo".

La carga a veces es difícil de llevar.
No sólo porque es tuya, sino porque es lo que has recogido del todo y del entorno para vida de "tener lo que tienes" cuando, a fin de cuentas, sabes que nada te llevarás de aquí... nada de esta vida pasará al plano de la muerte junto contigo.
Qué mejor opción de desecharlo o tirarlo.

Alguien más podrá recoger dicha carga a su paso por el camino?
Pues no; la respuesta es no, porque ya cada quien carga consigo lo que puede soportar, lo que requiere cargar y seguramente, al ver aquel lastre tirado, lo dejarán ahí a pesar de saber que poseé más riqueza que la portan... mas ese no es el punto; pues primero deberán deshacerse de lo cargado y, en muchas de las veces, no se podrá desprender "tan fácil" de dicho lastre.

Y sigo llamándolo lastre...
A fin de cuentas, qué sería de cada uno de nosotros si dejáramos de cargar dicho peso extra en nuestras vidas? Qué sería de los caminos si al lado pudiéramos observar tanto de él tirado sin hacer en absoluto nada por?
Otras preguntas asoman mientras escribo sin rumbo aparente.

Y es que no ha sido ni una ni dos veces en que me han echado a la cara con palabras firmes y tajantes que debería ya dejar mi lastre al borde del camino...
Qué tristeza pensar que mi más grande temor es que alguien tropiece con él y tenga la dicha de reclamarme! Supongo que no será una persona "digna" de reclamar u objetar pues tendrá más defectos que virtudes al hacerlo y, de cualquier forma, quedo en pausa y en el "veremos" correspondiente.


En resumen, en verdad no sé a qué le temo respecto a esto... No sé si realmente habrá alguien al lado del camino esperando mi zurrón... No creo que exista ya alguien que opte por "recoger el mío haciendo a un lado el suyo"...
A menos que quien lo haga ya haya desechado el suyo... mas aún así, cada que alguien más mira mi lastre a cuestas, siempre opta por sugerir, por señalar, por opinar... cuando justo observo que ellos portan un costal mayor que el mío...

viernes, 23 de junio de 2017

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Qué extraño es este sentir que todo tu esfuerzo sólo circunda tu entorno, que no comulgas con esa parte que alguna vez fue tan estrecha y que ahora cada quien toma un rumbo más que diferente.

Qué extraño es cuando, en aquel pasado, ese rumbo me guiaba y guiaba a su vez a quien acompañaba mis días; que parecíamos cual corceles de carruaje que tiran en una misma dirección y fuerza "sin poder mirar hacia otro lugar que no fuera nuestro frente".

El futuro se torna aún más extraño al saber que aquello que tenía preferencia ya no la tiene más, que lo comentado aquí y allá sólo deja especulaciones inservibles y poco a poco lacera y quebranta los pocos recovecos sanos que aún quedan.

Extraño, porque se desconoce a la persona, se duda de su legitimidad, se pone en entredicho lo antes firmado con besos sobre la piel y lágrimas; se esconden las palabras (aquellas que sabíamos que alguna vez "nos harían morir" como al pez) y termina por nublarse la razón, por dejar que predomine el ego, la terquedad o la simple gana de "no pensar en los demás" y hacer -textual- "de nuestro culo un papalote".

Extraño, porque a pesar de saber que la situación no está bien, importarnos nada para aferrarnos a un vano sueño que terminará por acabar en su momento aún a sabiendas que los años son "fieles cobradores" de la edad y que su paso es irremediablemente inexorable sobre cada uno de nosotros.

Extraño, porque ahora ya no cabe "el envejecer con dignidad", aún a pesar de ver las "señales" externas que se muestran tratando de evitar la terquedad o "el sueño", "el anhelo" o el deseo de crearse un cambio radical... para qué!?


Y entonces extraño aquellas preferencias, aquel andar al unísono, aquel "pacto firmado" con besos sobre la piel y lágrimas...
Deduzco extrañamente que todo fue en vano y vuelvo a especular... a desear vaciar mi frustración y/o a reafirmar que: así construyas un castillo con frases, miradas, deseo y demás valores filiales y afectivos, habrá en definitiva aquella persona que sepa derrumbarlos sin importar nada más y con sólo una mueca en los labios en señal de indiferencia.

Aún sin pronunciar palabra alguna...

lunes, 22 de mayo de 2017

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Habrá siempre, supongo, algún momento especial en la vida donde cambie para positivo cierta perspectiva que se tiene acerca de ti o de lo que haces. Obviamente no tiene nada que ver con fraudes, engaños, falsedades y demás virtudes que poseemos y hacemos los hombres.

Mi labor como compositor había quedado en el olvido desde hace ya once años y hace una semana fui contratado por una familia que lleva la trova "en las venas", que para ellos no hay mejor expresión musical que esa y conocen a la perfección a cualquiera de los grandes y viejos intérpretes de esta guardia. Saben a quienes me refiero.

El punto en específico es que fui contratado tres horas para hacer esa música y no la comercial que escuchamos todos los días en los canales de videos o en la radio bajo la premisa de que se era fan mío y que les interpretara en específico una (y varias) de mis canciones escrita por allá en los años noventas. Habían reservado una fecha para tal celebración a raíz del cumpleaños de la señora de la casa y fue pospuesto una semana para vida de que yo estuviera ahí.

Fue una sorpresa para ella llegar a su lar y encontrar todos los preparativos para una íntima tertulia familiar y más su asombro cuando me miró pulsando mi guitarra ahí. Fue entonces que salieron a relucir comentarios de "secretos" que se traían entre ellos (refiriéndose a la sorpresa en sí) y de inmediato, sin salir nunca de su asombro, pidió su canción favorita.
Ya en sus primeras notas comenzó a llorar y a aferrarse a su esposo que, gustoso y en muestra de triunfo total, observaba que aquella sorpresa sería la más maravillosa en años que él daría a ella.

Mi asombro estuvo a la par pues jamás imaginé el peso que una canción mía tendría sobre alguien con el paso de los años. No está por demás decir aquí que mis ojos se inundaron a la par de ella.

La tarde transcurrió volátilmente ágil después de haber repetido el tema hasta en tres ocasiones más a petición de la festejada y salí de aquel recinto en pro de mi próximo compromiso de trabajo nocturno en un fin de semana pesado en labor y cargado de emociones.
Ya en el auto recapacitaba, valoraba y comentaba conmigo mismo acerca de lo vivido.


Y sigo inmerso aún en el paradigma que en muy vagas ocasiones tuve en mi lar respecto a esto, al valor que ni yo mismo me he dado como compositor "retirado" (y que quizá terminé por infectarme en mi seno) mientras, en alguna parte de este pequeño mundo, existe quién estaría dispuesto a escucharme, a enamorarse más a través de mi música o a querer sorprenderse y amistar conmigo ...aunque tengan qué pagar económicamente por ello.