miércoles, 18 de enero de 2023

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Qué recuerdo te visita en enero?
Algún viaje que quizá sucedió en noviembre donde disfrutaste más de lo esperado y donde por un momento al menos no te preocupaste de tu aspecto, de lo económico, del simple regreso a casa; ahí, donde no hubo destello alguno de discordia, de mal momento al lado de los tuyos...

Alguna discusión quizá ocurrida a fines del verano donde te jactaste de la jerarquía que poseías en ese instante frente a tu interlocutor que sólo vociferaba y manoteaba mientras tu calma parecía más la de un estero...

Qué sentimiento se apodera de ti en enero?
El mismo quizá que predominó en diciembre y que sigues sin concretar?  Aquel que te orillaba a desear estar más cerca físicamente de quien acompañaba tus días a raíz del frío?  Ese que sigues creyendo que es el motor que te mueve?

Un sentimiento quizá donde sólo lo amoroso inunda el derredor a pesar de estar frente a los compromisos de paga anuales...  Sentimiento que ya casi no reconoces como tuyo o que te orilla a desear saborearlo como antes...?

Qué pormenores visualizas en enero?
Te miras con mejores planes para lo venidero?  Desearás quizá que casi nada se modifique o por el contrario notarás que el cambio será inevitable en todo tu quehacer?  Seguirás al menos saliendo a caminar a horas de la tarde para observar los colores del ocaso?

Buscarás la manera de acompañarte al beber café por la tarde?  Intentarás sanar la queja sentimental de alguien cercano a la menor conjetura?  Seguirás lidiando con lo que no permite cejo o concluirás que es por demás y vivirás a pesar o por encima de ello?


Cuántos "eneros" más?
Cuánto más esperar para llevar a cabo eso, esto, aquello?  Cuántos más para entender la realidad y asirte al tren que viaja tan suave que apenas es perceptible y sobreviene a cada día?
Mira a tu derredor... intenta llenar los vacíos que, aunque creas que es poco lo que tienes para, observarás con cada mañana que con eso basta y sobra.

domingo, 18 de diciembre de 2022

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Diciembre...
La llegada del fin de año; el recuento de los daños popularmente asistido por el psiqué, el consumismo y otros dones sociales.
El viaje no consumado.

Diciembre...
El sabernos vivos aún y hasta este día que poco a poco dibuja la llama del ausentismo, de "la cruda realidad", del sinsabor o la carencia.
La tristeza no amainada.

Diciembre...
Y cuán lejos te mirabas en enero o marzo y cuán rápido (como eventualmente sucede) transcurres hoy finiquitando un año más, con las mismas ausencias, con más cerrojos.
La soledad no compañera.

Diciembre...
Doceavo mes, repetido ayer, con menor nubosidad y frío, con la vela encendida a inicio de él, la canción recurrente, la visita más deseada, la corrección favorecida, un error tras otro...
El llanto no presente.

Diciembre...
El vaivén de los autos en "fiestas navideñas", la ingratitud a flor de piel, la ausencia de obsequios y del dinero... tu ausencia, primordialmente.
El quehacer no hecho.

Diciembre...
Y de nueva cuenta (iniciando el año) enero, con sus planes, sus menesteres, sus pagos, su desdicha, su incertidumbre, con lo inestable de lo aparentemente estable... el repetir de fechas.
La mecanización humana no corregida.


Diciembre...
Sus luces, tu luz, ese resplandor... nuevo amanecer.

lunes, 21 de noviembre de 2022

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En verdad, no recuerdo haber sido así en mis años mozos...
No recuerdo haber usado lugares reservados para adultos o discapacitados "sólo por el simple hecho de hacerlo" o porque "me vale siete chingadas el hacerlo"... y lo sigo viendo día a día aún en estas fechas, en estos años.

No recuerdo haber fumado a bordo de un camión de pasajeros a sabiendas que es de lo más incómodo para los no fumadores... No me recuerdo "violando esa norma"... (claro está, cuando era permitido aún).
No me recuerdo ocupando dos lugares en los estrechos asientos de un transporte público sin importar que personas "cansadas", mujeres o ancianos estén cerca del "asiento disponible"...
No entiendo el cómo es que sigo viéndolo cuando viajo en tren urbano.

No me recuerdo provocando riñas en el tiempo que estuve en algún plantel escolar, destruyendo el mobiliario o dañando la reputación de algún compañero o faltando el respeto a algún profesor.
Es increíble la cantidad de "bulling" que hoy se manifiesta y, sí... hice algunas vagancias (como quemar chiles secos en el aula o usar mi butaca como batería acústica pero no al grado de llegar a destruirla).

Me recuerdo en alguna reunión con familiares o amigos conviviendo... no sumergido en un aparato celular que me controla en totalidad mis horas despierto y, cuando acudía a recitales o conciertos, lo hice siempre con el gran afán de disfrutarlo y que "el ingeniero de audio o el indicado" se encargara de grabar el evento...

Es tan lamentable saber que, ni siquiera "teniendo el mundo de la información en sus manos" vía teléfono inteligente, puedan llegar a saber el por qué de una manifestación en la ciudad o el cierre de algunas calles debido a obras o situaciones por contingencias.
Es extremadamente lamentable el mirarlos sumamente inmersos en las redes sociales y enterarse sólo de banalidades, de información falsa o estúpidos retos cuando, en el exterior, la vida se gesta! el mundo se mueve!

Nunca me supe prepotente, indiferente, soez, ofensivo, desinteresado en lo común, anti humano, ruidoso con los vehículos que poseí, acaparador de recursos naturales escasos, misógino, agresivo, "gandalla" o un sin fin de actitudes más que, por desventura y con tristeza, observo en estos días mientras me traslado de casa al trabajo y viceversa.


Si bien mis hijos piensan que soy un arcaico y que mis ideales "ya no aplican" a la actualidad mas, sostengo, que se equivocan en casi la totalidad de su percepción... y es que, en lo personal, nunca critiqué a mis padres así o los señalé de "dinosaurios" (como mi hija lo hace conmigo y su madre) y "no entiendo" de dónde es que pescan esa ideología, de dónde es que se "creen mejores" para sobrellevar la peripecias mundanas o de plano creerán que la tecnología es sólo para ellos y no para "quienes ya vamos de salida de este mundo"...

No tengo la menor idea de "a dónde vamos a parar" como humanidad donde, al parecer, nada ha cambiado sustancialmente pues quizá sólo se había mantenido "oculta" en cierta forma y asoma hoy a la luz la tanta mierda que antes no solía por la ausencia del Internet y las redes sociales.
Diría un amigo: "es triste la tristeza..."

sábado, 22 de octubre de 2022

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Y vuelve a ser Morfeo el que me reafirma la belleza de lo nuestro... aquel sin fin de detalles que sobresalieron y destacaron tanto en nuestro haber y que reflejaron que sencillamente todo parecía un largo sueño... un hermoso y largo sueño.
Uno donde las escenas se repetían con suma delicadeza, cordialidad, sensualidad, tranquilidad y sonrisas.

Uno donde todo iniciaba despertando contigo sobre mi pecho, donde predominaba cierto calor humano; donde se podía respirar amor en toda la habitación o se sabía de antemano que proveníamos de una sesión sexual nocturna plagada de satisfacción mutua.

Un hermoso y largo sueño donde tus pies eran motivo suficiente, donde ese sencillo retirar de tus calcetas era el detonante para que despertara en mí tal libido que podría llevarlo conmigo atento y hambriento por horas hasta no consumarlo (a sabiendas que se podría repetir hasta en tres o cuatro ocasiones en el transcurso del mismo día).

Uno donde hasta tus frases podían provocar gran mella en mi recapacitar... ese creer tuyo de que naciste o arribaste a este mundo para ser disfrutada en total desnudez por ojos masculinos y regodearte a sabiendas que podías mirar tu reflejo en las pupilas húmedas de éste o aquel quien pudo tenerte cercana.

Un hermoso y largo sueño donde tu ausencia jugaba un papel de desespero, del descubrir al reloj siendo el más perezoso y terminar por doler en la propia espera... Donde el color blanco predominó bastante en tu vestir e hizo entender cuánto deseo puede caber por arrancarlo de tu piel y someterte a las caricias, al juego íntimo y a la búsqueda de uno u otro orgasmo.

Sueño donde anidaba la cordialidad, la ternura, la sonrisa cómplice, el llamado infinito a buscar ese nuevo amanecer y recorrer una vez más el camino a tu lado con miras a la sorpresa, al regocijo, al silencio de tus pasos en nuestro hogar... a tu mirada perdida o provocadora; al mismo sueño.


Vuelve, pues, a ser Morfeo quien rescata de alguna manera lo bello de nuestro sueño y lo hace destacar de una manera tan sublime y tenue que las lágrimas se apretujan ansiosas de salir, la libido desespera, el recuerdo se torna extremadamente amoroso mientras la mañana asoma en la ventana, el aroma a café destaca, el humo de un cigarrillo demanda y el silencio suma complicidad, felicidad, sensualidad y el propio deseo vehemente de seguir inmerso en dicho sueño.

martes, 20 de septiembre de 2022

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...y qué más da ya el escribir un sentimiento o una opinión si crees conocerme al cien...
Qué tan relevante ya puede ser el que intente transmitir aquí algún dolor, cierta dicha, un atisbo de tranquilidad o cualquier otra constante en mi vida si crees conocerme en totalidad y "poner en duda" ante tus ojos cualquier opinión.

Qué más da ya escribir que hay añoranza si dices conocerme tan bien y "sostener" que mis acciones son tan claras que lo desmienten cuando ni siquiera hurgas, ni siquiera asomas un poco al corazón y permaneces con tu rencor por, insisto, decir tú que me conoces al cien.

Qué más da ya el escribir que te sumerges en mis sueños (y vaya de qué manera) si crees conocerme tanto que "no se lo comunico a mi semblante cuando estoy cercano a ti"...
Qué más da si al final pareciera que sólo son letras sin sentido porque, reiteras, conocerme al cien.

Y, supongamos que "mi silencio habla" y dice más de lo que sentencias conocerme...
Supongamos que canto "sólo porque es mi trabajo" hacerlo...
Supongamos que me duele y me dolió todo en su momento...
Que he peleado conmigo mismo por una u otra razón a solas sin perjudicar a alguien en específico...
Que las "verdades" han asomado y susurrado a mi alma gran parte de todo este erro...
Que las acciones (las que sean) ya no son suficientes...


Pero no... "mi indiferencia aparente" sólo te dice que me conoces al cien y miento en todo cuanto pueda opinar más o escribir...

(Dónde... en dónde ya he vivido esto...?)

lunes, 15 de agosto de 2022

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Es por demás quizá ya el volver a repetir mi admiración por la mujer en todo aspecto y es que, a mis cincuenta y cinco, está más que sustentado.
Y más, añadido a ello, está mi gusto y atracción por el género.

Como hombre que me sé, decenas de ocasiones ha sido preciso el controlar ese instinto animal que. en definitiva, otros varones no pueden y terminan por forzar y/o violar a su objetivo femenino pues, insisto, es un instinto animal que cualquier hombre (cual animal que es) porta consigo de manera natural.
Eso, es algo que quizá la mujer no ha terminado por comprender.

Casi sostengo entonces que, a pesar de las prendas que posea la fémina, en la brutalidad mental del varón es que se gesta una vorágine de deseo carnal que sencillamente pretende concluir con el acto sexual.

Actualmente, y después de extensa lucha, la mujer ha podido modificar leyes para acrecentar los castigos hacia quienes infringen sus derechos naturales de andar, lucir o transitar libremente por el mundo... con ello, el hombre se ha limitado a sólo ya ser un ente más sobre el planeta y no mirar siquiera al sexo opuesto por más de algunos segundos pues podría catalogarse ya como acoso.

Todo esto me vino a la mente cuando, al entrar en el tren urbano, y tomando en cuenta lo antes escrito, mi mirada debe mantenerse sobre el piso del convoy, hacia la ventanilla (y donde no haya una mujer cercana a dicha ventana) o en definitiva cerrar mis ojos para no ser 'acusado' de nada que ostente algún momento incómodo para alguna de ellas.


Peor o mejor o mejor aún... sabiéndonos 'podofilos', existe quizá alguna ventaja de seguir manteniendo nuestra mirada baja y así descubrir entre fino calzado esa parte delicada que sostiene todo su ser y le traslada... aunque, muy en el fondo de mi comentario, no quiero creer que terminaremos con el paso de los años dejando clavada nuestra vista al piso mientras andamos con ese dejo de lascivia que "no le pertenece" al asfalto.

domingo, 17 de julio de 2022

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Resulta por demás extraordinario el cómo es que un simple aroma me traslada hasta treinta y siete años atrás en el tiempo (y un poco más en ocasiones).

Y es que es de asombrarse el cómo hasta una lágrima puede llegar acompañada de dicho recuerdo donde, mi mayor anhelo, mi más grande sueño y mi deseo más vehemente lo fue aquella mujer que me desdeñó en totalidad y que sólo pude tenerla a través de su boca en dos o tres ocasiones...
Cómo fue posible entonces que ni siquiera mi nombre cupiera en su lenguaje pues, la única vez que lo nombró teniéndola cerca, la gloria entera corrió por mis venas.

Entonces trataba de comprender al amor, ese deslumbrarme por una mujer a primera vista, el no cejar en el empeño hasta lograr cierto cometido, cometido, que terminó siendo pisoteado y poco valorado...
Después de ello no quise saber nada de lo amoroso y mi guitarra fue fiel refugio con sus notas tristes y acordes melancólicos... qué decir de mi llanto; ese profundo llanto que ella jamás vio o le importó tan sólo un poco.

Luego, creer que ella hizo lo correcto conmigo: no terminar por enamorarse o alargar lo nuestro.
Sospecho, que todo fue porque ni siquiera poseía arma alguna para luchar por ella como otros lo hicieron y la consiguieron en muy breves días... Yo sólo sufría y sufría y quizá mi dolor nunca me permitió pelear ante los demás que, cuales lobos, deseaban tenerla consigo y poseerla.

En ocasiones he podido mirar "su reflejo" en alguna que otra mujer andando por la calle, pasando cerca del plantel educativo donde le conocí y le acompañaba dentro de un aula... pero es siempre ese aroma más poderoso que todo... esa fragancia que caté desde su piel aquellas breves tardes o mientras sollozaba a su lado la última en que me dijo adiós.


Y vuelve a ser extraño que otra lágrima quiere asomar este instante en mis ojos mientras escribo pues, es inverosímil que, a treinta y siete años, su recuerdo me haya acompañado mientras recorría el trayecto a mi empleo... pues no, no era ésta o aquella mujer a bordo del tren, sino un breve instante de su aroma que terminó desvaneciéndose en el viento esta mañana.

miércoles, 15 de junio de 2022

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El pasado 15 de mayo, algunos compañeros me "felicitaron por el día del maestro" y, de alguna manera, se aferraron a llamarme así a pesar de yo no ser catedrático ni mucho menos pues, no que yo recuerde, he dado alguna cátedra que se considere como clase tal.
Y es que han transcurrido al menos veintitantos años que me siguen llamando así... mas, creo recordar, de dónde viene esto (pues siempre les respondo que "no soy maestro").

Alguna vez, trabajando en un piano bar, fui contratado como guitarrista. El lugar ya contaba con su respectivo pianista (o tecladista) - muy bueno por cierto - mas, una de esas noches, decidió renunciar y, el nuevo pianista que ocupó su lugar, me permitió sugerirle algunas armonías conforme interpretábamos algunos temas bohemios.

Sincerándose años después conmigo, dicho pianista me confió que gracias a mi manera de charlar y proponerle musicalmente fue que aceptó ser una especie de "alumno" conmigo... dándome así (y sólo para él) el mote de "maestro". Otros amigos del medio se sumaron a llamarme así pues le escuchaban a éste repetirlo constantemente dirigiéndose a mí y frente a ellos.

Pero, por otro lado, recibí una felicitación también de un compañero músico conocido mucho tiempo antes de lo ocurrido con éste pianista que refiero... y, su comentario me llenó de ternura pues, éste objetaba en su felicitación, que aprendió mucho de la vida desde mí...
Lo "extraño del asunto" radica en que, yo le conocí y convivía con él, cuando apenas tenía veintitrés años de edad... y la verdad, no puedo y sigo sin creer, que me "haya aprendido" algo a mi corta edad ni mucho menos cuando cometí algunas faltas humanas graves que trocarían en un futuro todo mi entorno y entender.

Quiero creer que, él, es una persona extremadamente sensible y sencilla que, a su parecer, yo le instruí en cierta medida y manera para su vida y, eso, me ha tocado el alma al momento de él comentarlo.


Con todo esto no cabe duda que, aún sin quererlo, podemos ser "maestros" de alguien sin siquiera percatarnos; "enseñar" desde nuestra propia trinchera o instruir a quien sólo observa sin un fin catedrático... sólo viviendo.

sábado, 14 de mayo de 2022

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Quisiera llamarlo "mágico" este despertar con el rayo de luz de luna sobre mi rostro...

Quisiera llamarlo así porque me volvió a infectar y a colmar de hermosos recuerdos de tu figura en total desnudez bañada con dicha luz...
No "provenía" de alguna cita con Morfeo, ni "demandaba" entonces al tiempo presente alguna remembranza tuya para alimentar mi sentir basado en nuestro pasado.

Tampoco mi despertar provino de un sueño húmedo, Selene sencillamente quiso traer toda esa vorágine hasta mí a sabiendas que, juntos, hicimos de las nuestras bajo su hermoso fulgor...
Y quiero llamarlo "mágico" más que extraño pues, si bien casi siempre mi recuerdo está depositado en ti de alguna manera, no creo que exista algo superior a este remembrar apoyado de la luna.

Nuestra infinidad de citas íntimas, ese rozar de tus pies con los míos, el brillo de tu cabello, el maravilloso tono de tu piel con dicha luz... tu adorado perfil.
Más que una lágrima asomar, mis ojos perdieron el sueño, mi respiración se detuvo algunos segundos, el silencio del exterior inundó el entorno y la cama lució más enorme e inútil que nunca sin tu presencia...


Quisiera llamarlo "mágico" este despertar con el rayo de luz sobre mi rostro... aún sin amanecer, aún sin  provenir desde Morfeo... con todo tu recuerdo latente, con toda la complicidad volcada y sin una lágrima derramada.

miércoles, 13 de abril de 2022

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Llegará el día en que amanezca con menos sol y entonces adivinarás (al igual que yo) que estamos entre nubes que, aunque haya bruma, la luz se filtrará desde cualquier recoveco celeste y deseará tocar la tierra... la misma tierra que pisamos juntos o que recorrimos envueltos en sueños.

Llegará el día en que caiga la tarde y te envuelva (al igual que a mí) la oscuridad sabiendo que de cualquier manera habrá de amanecer... y desearás entonces hacerlo a nuestra usanza... a esa manera particular que alguna vez tuvimos.

Llegará el momento en que un carruaje de recuerdos cabalgue hasta ti (y hasta mí) con estruendoso galope, se observe el polvo detrás y sólo eso quedará... mas no con desdén, no con enfado, no con descobijo, sino con toda la experiencia encima. Entonces volverás a esbozar esa sonrisa cómplice.

Llegará el momento en que ni las horas te pesen, las llagas del tiempo te parecerán sutiles marcas en el rostro o en tus manos y caerás en cuenta de qué tanto hicieron en alguien, en el entorno, en tu mundo... aquel que compartiste conmigo y que te orilló a cederlo todo por mucho menos que amor.

Llegarán los sueños, las imágenes, las miradas perdidas como si se hubiese detenido la vida, las sensaciones, las canciones... y, sin mediar palabra alguna, una lágrima te delatará mostrando a todos tu lado sensible pero definido; tu lado afable y con desinterés.  Tu lado amoroso, el de siempre.


Llegará, tenlo por seguro que llegará y, así sin más, quizá nos volveremos a encontrar y entonces la sonrisa o la mirada entrelazada no sólo será tuya o mía, será de mil colores que todo este transcurrir de los años nos habrá marcado como el uno que fuimos.