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Probablemente, así pasen treinta años más, no terminarás de entender el por qué, con sólo mirar a lo lejos y recordarte, alguna lágrima asome sin importar que vaya en auto, en tren o andando cierta calle citadina.
Quizá, así te ocurra una y otra vez un desaire, no terminarás por entender el por qué de mi mirada perdida mientras me platicas sobre algún tema cotidiano o importante para ti... pues podría ser hasta tu mismo acento el que me orilla a perderme en mis recuerdos.
Tal vez, sabiéndote acompañado de tus seres queridos, no terminarás de entender que algunas ocasiones me sentí tan solo como nunca, tan poco apreciado o requerido y mi sonrisa fue tan sólo el escaparate que alguien deseó observar en su momento.
Podría ser posible que, cuando sientas que más te hace falta de tiempo para organizar cada actividad o visita, podrías entonces siquiera intentar el comprender las ocupaciones de los demás y entonces dejes de quejarte o permitas que todo se suceda... que cada situación se consuma en su tiempo, con su momento.
Probablemente, así llegues a anciano, no terminarás de entender o comprender el por qué de cada lágrima que, sin razón, asomó una y otra vez desde mis ojos... lágrimas que jamás viste o secaste; que quizá no fueron de desamor, que tal vez a tu parecer fueron falsas.
Será probablemente entonces o podría ser posible que también tú derrames alguna mientras me leas... y no creería que fuese por empatía o cordialidad.
miércoles, 21 de octubre de 2026
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