viernes, 1 de mayo de 2020

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Perdona, perdona que no conteste a esa pregunta...
A esta altura de mi vida ya he lastimado a tantas y tantas personas que volvería a hacerlo al tú cuestionar...

Y es que sigo siendo el mismo...
El mismo estúpido que observa, que detalla, que desgrana a detalle cuanto le ocurre o cruza por sus ojos y, lamentablemente, sólo ha quedado en eso... no termino por aprender.

Perdona, perdona que no te visite más...
Y es que me he encerrado tanto y tanto en mí por el simple motivo de que soy un estúpido egoísta que se demanda lo que no tuvo en su ayer y que, intuye, que ahora es el momento, mi momento... (aunque termine siendo el mismo solitario que conociste hace décadas)

Y es que sigo siendo el mismo...
El mismo estúpido que demanda, que atañe, que juzga y que juega las mismas cartas esperando alguna vez ganar y, lamentablemente, poco a poco agoto la apuesta... no suelo remontar.

Perdona, perdona que no me escuches más...
Porque no pararía de relatar, de reclamar, de contar la misma historia que escuchaste años atrás y que, lamentablemente, sólo me orillan a llorar... no termino de llorar.

Y es que sigo siendo el mismo...
El mismo estúpido que alguna vez creyó en el amor, en la construcción férrea de una relación y que, por sobre todo, nunca descubrió la fórmula perfecta, la que llegara y me llevara hasta el final de mis días con fe... no concluyo en oración.


Perdona, perdona todo esta ocasión...
Porque me he convertido en el más estúpido, en el más callado, el que carece de respuestas o palabras y el que, dentro de su encierro y egoísmo, no termina por aprender de la vida, de tu vida, del amor o del mismo laberinto que me arrojó desnudo a su exterior donde, al parecer, sólo me queda observar, callar y llorar.

sábado, 4 de abril de 2020

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Es realmente una pena el que no exista un "manual" para poder trabajar y "manejar correctamente" el consciente y el subconsciente.

Y es que ha sido obvio el daño psicológico (al menos) que he provocado a algunas mujeres que han pasado por mi vida, que han estado cercanas o que formaron parte vital en el devenir mundano y existencial.
Mas, no puedo asegurar que lo hice de manera "consciente o inconsciente".

Puedo creer quizá que, ellas, sabrán guardar distancia y/o mesura entorno a ello y han decidido "no hacer ruido", dejar que la vida se suceda o sencillamente dar "el siguiente paso", seguir el camino y no meterme en conflictos que me convertirían en un verdadero animal que sólo se deja llevar por el instinto.
Y, sobre todo este último, el instinto animal, ese que nos mueve en demasiadas ocasiones y que sólo trae reacciones arrebatadas, no suele sino sólo conflictuar más cualquier situación.

No quiero parecer misógino nunca, pues no lo soy. Amo la entereza, capacidad, fortaleza, mesura, integridad y belleza de la mujer y, como hombre que gusta de ellas, es lógico que también sienta atracción física y sexual por su género e, insisto, ha sido una verdadera lástima que, tanto el subconsciente como el propio consciente quizá, me haya hecho cometer estupideces enormes en ellas debido a que "no cuento con un manual" y nunca contaré con él... ésto, es sólo un decir.

He preferido callar ante tanto movimiento y revolución femenina que se gesta en estos días y, pareciera ser, que así (calladitos los hombres) "nos vemos más bonitos" pues, haciendo un auto análisis, deduje que yo también tengo "cola que me pisen" entorno a agresiones y malestares tanto físicos como psicológicos en al menos tres de las mujeres que por mi vida han pasado.

Pero tampoco es éste texto una especie de confesión... se ha vuelto más una confusión lo que predomina en mis días que cualquier otra causa o razón.
Ese constante analizar de mi entorno, lo que descubro con cada día en los demás (incluso en ellas mismas - las mujeres), lo que escucho en las noticias, las quejas, los "avances", las posturas, los recuerdos... todo se vuelve una vorágine de opiniones y/o teorías que sólo se obstruyen entre sí y terminan en una especie de desfiladero sin fondo.


Perdonen... quizá soy el más pendejo e ignorante en todo el tópico y respecto... lo cierto es que no existe (ni existirá) un manual para poder manejar con eficacia tanto el consciente como el subconsciente... y, seguramente, seguiré cometiendo más que una y diez pendejadas entorno a la mujer.

Ruego e imploro, sepan perdonarme por ello... mil veces más.

lunes, 2 de marzo de 2020

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Después de encontrar un empleo de tiempo completo, me he encontrado también con algunas personas afines al altruismo. Ellas, al igual que yo en múltiples ocasiones, también gozan con la satisfacción que trae consigo el ayudar.

A pesar de todo esto (y de incluso decirles personalmente de mi postura) no he terminado por entender a aquellos que, siendo beneficiados por mí o por algún otro afín altruista, éstos optan por "no dejarse ayudar" y prefieren acudir a quienes sólo lucran con su servicio.
Ya me había dicho alguien que no somos "monedita de oro" y, es lamentable, que estén "ciegos" ante la ayuda.

De manera más lamentable aún esto es algo que no puedo dejar de hacer. Muchas veces he recurrido a mi bolsillo para aligerar el gasto a otros o de transferir mis conocimientos sin cobro alguno y, extremadamente más lamentable aún, es percatarme con el paso de los días que, aquellos a quienes ayudé, sencillamente presumían de que habían obtenido algo "a costa de un güey que aceptó recibir menos o nada por algún bien o servicio".

Actualmente, existen quizá una tercia de personas que no terminan por saldar su deuda conmigo... alguna deuda acordada en su momento y que concluyen en "sólo desaparecer", "darse a la fuga" o alejarse de mí... como si con eso se quitaran del compromiso o con el paso de los días todo se lo llevaría el olvido.
En todo caso, sí, parezco un perfecto pendejo ante ellos.

Quienes tienen un negocio propio y están cercanos a mí, muchas veces me han aconsejado que cambie mi postura que, de no hacerlo, sólo recibiré decepciones y malos ratos; que cobre a quien me debe y que no haga tratos superfluos sin tener alguna garantía por el movimiento, labor o servicio.
Quiero creer que su experiencia negativa ya ha sido más constante en ellos que en la mía propia y es por ello que me recomiendan tal actitud o postura.


Lo difícil radica en cambiar.
Y no sólo me refiero a mí (en el caso de ser más frío en los negocios o transacciones que realizo) sino también a aquellos quienes "prefieren" aprovechar alguna ocasión, momento o altruismo ofrecido por quien sea (o quien "se deje").

Es, pues, lamentable el que dichos cambios no puedan ocurrir con sólo decirlo.

sábado, 1 de febrero de 2020

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Estos días han sido relevantes en cuanto al ámbito musical de mi pasado refiere.

Por ejemplo, el buen amigo Edxon Castro me envía algunos vídeos tomados desde un celular entre el público de aquella agrupación musical a la que él perteneció por muchos años y que yo conocí en 1990 en Cabo San Lucas (B.C.S. México).
Está por demás decir que una vorágine de hermosos recuerdos inundaron mi sentimiento casi al punto del derrame de alguna lágrima. Mi juventud era plena en ese entonces y "podría comerme al mundo" de haberlo deseado.

Y, siendo sincero, no he escuchado o visto todos esos archivos... bastó uno sólo para que todo eso acudiera a mi remembranza y sentir pues, lo consecuente de aquella estadía en Cabo San Lucas, sería también determinante para mi actualidad; con lo que, los nombres de algunos, son muy, muy relevantes.
Rápidamente recorrí veintinueve años en mi memoria y aún sigo en esto aunque ya han transcurrido algunos días de ese suceso.

Por otro lado, estuve viendo en YouTube algunos programas del comediante Franco Escamilla donde juega billar en su lar con algunas celebridades para otorgar un apoyo económico a alguna institución de beneficencia y donde estuvo "compitiendo" con Edgar Oceransky.
Ahí, los nombres de muchos más salieron a relucir entre anécdotas y experiencias personales del invitado, todo esto, apoyado por las preguntas que el anfitrión hace a quien "compite" contra él.

Los nombres de los lugares donde la música de trova era menester propio de un pasado saltaron hasta mis oídos trayendo consigo sonrisas fugaces, recuerdos imborrables y muy entrañables y alguna que otra sorpresa asomó quizá para mí desde dicho programa.

En mi remembrar, intenté deducir el por qué fue que no me dediqué "de lleno" a ese mundo bohemio y de canción si aún sigo inmerso en la música y, mis presentaciones, siguen siendo con una guitarra y mi aguardentosa y desgastada voz.
El "Sapo cancionero", "El Breve Espacio" (estos dos en la hermosa Ciudad de México) o las decenas de presentaciones en el "Rojo Café" en Guadalajara... ahí donde pululaban con su arte sonoro muchos de los tantos nombres que Edgar mencionó entre cuestionamientos y relatos y que yo tuve tan cerca sin poder concluir en ellos como uno más "del gremio".

Hace tiempo decidí escoger algún tema de este referido grupo de trovadores y hacer mi versión para mis contactos en Facebook que, por lo general, son muchos de estos mismos... y, si bien fui invitado hace un par de años para formar parte del grupo "Canción viva" (comandado por el finado Alberto Escobar y el compañero Gerardo Ochoa) observé en algunas de las reuniones el cómo sencillamente los jóvenes trovadores "nos iban desplazando" a los más veteranos.
Es obvio suponer que la generación de trovadores a la que "pertenezco" sirve de cierto apoyo a esos "nuevos " que incursionan pero, es lamentable y triste, que en muchas de sus juveniles reuniones no nos tomen en cuenta.

En fin... El punto es que, mientras Edgar Oceransky comentaba, yo me veía al lado de alguno de tantos aquellos a quienes mencionó y donde, en definitiva, hoy "me sostengo y permanezco en solitario" sin formar parte activa de ninguno de esos círculos donde los trovadores se desenvuelven y/o conviven.
Algunos de ellos me consultan; otros me invitan a sabiendas que tengo trabajo nocturno y no descanso los días que ellos sí... y a fin de cuentas no logro penetrar en sus perspectivas profesionales.

Yo quise, en su momento, ser tomado en cuenta más como músico que como compositor y quizá esa fue la razón por la cual fui "eliminado" de alguna posibilidad a futuro.
Algunos grupos versátiles se fijaron en mí; otros compañeros tecladistas me consideraban para hacer dupla bohemia en algún Piano-bar y mi "necesidad" de abarcar un poco más los ámbitos me han orillado, extrañamente, a seguir en solitario.


No sé, en resumen, a dónde más me acercaré musicalmente, quién me requerirá para su proyecto en alguna grabación o si seré de alguna vez por todas tomado en cuenta por aquella horda que convivió conmigo trovadoramente en el pasado pues, muchos de ellos, no han claudicado en su lucha por ocupar un lugar importante en el medio musical y, pareciera ser, que yo sólo los miro en su desarrollo.

Y no, no es una queja, reclamo o postura, es sólo una observación a todo este respecto.

sábado, 4 de enero de 2020

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Extrañamente, este dos mil veinte susurra en mi mente decenas de recuerdos... desde los que datan de lustros atrás hasta algunos de menor antelación y, todo, sólo por revisar lo que había en mi bandeja de entrada en el e-mail.

Han estado presentes situaciones que, en aquel entonces, parecían de poca trascendencia y hoy día observo cómo lograron atravesar parte de la razón y situarse en un sitio importante en el haber de mi vida y de alguien más que compartió dicho momento.

Personas que solían acompañarme algún viernes, por ejemplo, y que ya no lo hacen más; compañeros de trabajo de los cuales "envidio" su quehacer haciendo una absurda comparación con el mío y que, a fin de cuentas, sólo ha sido por mera convicción de no trocar la actividad que poseo.

Supongo, que todos tenemos ese instante para recapacitar, para sopesar lo acontecido en el año que concluye y, la realidad, es que sólo eso ocurre gracias a un "medidor" social al que llamamos calendario donde las fechas se repiten y conllevan al consumismo cuando, el hoy, es el único importante al darnos la pauta para decidir lo siguiente por hacer.

Y no es mi caso. No soy de los que suelen hacer "planes" para los trescientos sesenta y cinco que vendrán o de los que echan en papel o a la basura los mismos trescientos y tantos que pasaron... sólo vivo y amo trabajar pues, desde ahí, sostengo que todo se logra: se hacen nuevos amigos, se cobra mejor experiencia, se pule lo que bien se sabe y se aprende enormemente con los que se acercan aún si siguen siendo los "habituales" o los que ya no lo hacen.

Y son pues los que ya no están tan presentes que nos enseñan mucho más... qué decir de los que han fallecido.


En un inicio, mi texto pretendía ser un rebuscar de frases que aportaran un poco al pensamiento de mis lectores y terminó convirtiéndose en sólo un simple monólogo con poca esencia... poca, para los que suelen saberme y conocerme y, un tanto más, para mis adentros que siguen repasando escenas, momentos, situaciones y conversaciones que aún existen dentro de mi bandeja de entrada en el correo electrónico.

Llegará el día en que muera y, entonces sí, saldrán a la luz decenas de cosas que serán inentendibles para todos quienes me conocen o creen conocerme y, asimismo, formaré parte también de su recuerdo y del recuerdo mismo.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

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Parecía una mañana tranquila donde la actividad de un miércoles cualquiera se gestaba con lo habitual, con lo cotidiano, con la espera del siguiente viro del dédalo "visto desde arriba".

Si mal no recuerdo pasaba un poco de las trece horas cuando recibí un par de llamadas insistentes por vía WhatsApp y que, por lo general, nunca contesto dado el pequeño retraso que muestra el audio debido a nuestra conexión de Internet.

Mi hija se escuchaba preocupada pues, si bien había marcado desde el celular de su madre, me refería que ésta última yacía desde hacía más de diez minutos sin volver en sí luego de haber sufrido un desmayo... luego sería una encargada del establecimiento comercial donde se encontraban quien tomara la llamada para preguntarme si podía llegar a la brevedad al lugar.

A mi arribo, ya un paramédico atendía a la señora tratando de reanimarla y buscaba (bajo una serie de preguntas y peticiones de repetición física en ella) descubrir si habría sufrido de algo más severo en su cráneo pues, en la caída, se golpeó una ceja, la cual, sangraba poco, pero ofrecía la sospecha.
Miré a mi hija temblando e intenté tranquilizarla al decirle que todo estaría bien, que justamente en casos así sólo los médicos y especialistas tienen el "poder" de atender a su madre y que era justo lo que aquel hombre hacía.

Para ese momento ya no había ni un sólo mirón en el lugar y, como siempre, la pena de ser el "centro de atención en alguna calamidad" mantenía a la señora con esa zozobra antes de poder alzarse... algo que no ocurrió pues tuve que cargarla al auto y trasladarla a casa luego de que se negara a ser atendida por la benemérita institución de salud; así que, una ambulancia, nunca arribó al lugar.

Ya en casa ella misma pidió ser llevada al hospital civil de esta ciudad para poder así tener un "seguimiento médico especializado" dado que, con frecuencia y ahora más marcado, había padecido de intensas migrañas que obstaculizaban su actividad y ya sumaban más preocupación que "lo normal".

No haré tan extenso mi escrito... Si bien pudimos llegar a urgencias del hospital alrededor de las catorce treinta horas de ese mismo día, no fue atendida sino hasta trece horas después en otro hospital siendo ya las tres de la madrugada del día siguiente... la incredulidad de los médicos de guardia esa madrugada ante nuestro relato era notoria al preguntar "¿por qué no la trajeron antes? ¿por qué hasta esta hora vienen?"

Es por demás detallar el desespero e impotencia que nos embargó tanto a mi hijo mayor quien me acompañó al hospital al percatarnos que, parecía "que jamás nos atenderían"... ahí, sólo las urgencias mayores fueron atendidas mientras, más de treinta personas en la pequeña sala de espera, sumaban horas y horas sin, insisto, ser atendidos en su malestar o dolencia por algún médico que, teniendo en cuenta la saturación del lugar, saliera para dar algún medicamento "de momento" y mitigar siquiera un poco el sufrimiento de todos ellos... incluida la madre de mis hijos.


Lamentablemente sucedió lo que no queríamos... que solamente fuera "controlada en su dolor sin tener un seguimiento médico especializado".  De haber ido en inicio a la Cruz Roja no habríamos perdido tantísimo tiempo en ningún nosocomio.

Es sumamente lamentable, profundamente lamentable, este tipo de desatención y, lo digo, en nombre de todos aquellos quienes padecieron las horas al igual que nosotros... con su dolor físico a cuestas, sin poder introducir alimentos al lugar pues, gracias al cuerpo de seguridad privada del lugar (un pendejo grupo llamado "Centurión") eso resultaba imposible... eso, entre otros tantos detalles que mermaban tanto el ánimo como la esperanza por el bien común.

Esto, esto es mi querido México y su cuarta transformación...

domingo, 10 de noviembre de 2019

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Alguna ocasión pude ver en algunos vídeos comparativos la medida del planeta que habitamos con otros que circundan nuestro sol.
En ese entonces mi entender sólo daba para apreciar lo inmenso del universo o lo amplio de otros astros.

Así, los días pasaron, se hicieron las noches, las citas, los compromisos, las rupturas y todo cuanto puede ocurrir a un ser humano en comunicación constante con su entorno... mas, entonces, llegan los problemas o las enfermedades.

Y muy independiente a lo personal, mi observación se centraba en los demás, en el cómo es que se encerraba la propia persona en su mala fortuna o en su desgracia... mientras, fuera de este mundo, la vida y el movimiento continúa inexorable.

Los vi pedir, suplicar, llorar o postrarse ante imágenes mundanas y físicas que representaban a sus deidades para mitigar su dolor o amainar sus problemas cuando, fuera de este mundo, la vida y el movimiento continuaba inexorable.

Supongo que, desde la Estación Espacial Internacional, el mundo se puede apreciar hermoso, colorido, imponente, majestuoso... más que maravilloso y, si observamos un poco más intrínseco (o "hacia el otro lado") veremos que nuestros ojos no pueden ver más que el infinito; el "negro" espacio donde nuestro planeta orbita o "se encuentra suspendido".

Pero, vaya, lo que intento resaltar en mi texto es justamente "el tamaño de las cosas".
Si bien ya mencioné la majestuosidad de nuestro minúsculo planeta (comparado con otros), cómo puedes tú creer que 'tus problemas' o tus enfermedades son los más grandes, los imposibles de librar, los más difíciles de sortear y no pueden tener una solución?

No puedes ser visto desde una altura relativamente elevada (digamos unos cinco kilómetros), esperas acaso que tus 'enormes' problemas realmente lo sean cuando ni siquiera eres perceptible a tan corta distancia, a tan minúscula distancia tomando en cuenta la vastedad del universo mismo?


Por favor, no caigamos en estupideces al asegurar que nuestros problemas son 'tan enormes' que no pueden encontrar una solución... pues insisto, en la vastedad del universo, sencillamente somos nada... menos que polvo.
Yo mismo atravieso por uno importante en estos momentos y la gente (o el universo) ni se percata de ello... esa misma gente que hoy te rodea, que comparte contigo este micro espacio llamado Planeta Tierra y donde, seguramente, también sortearán alguna vicisitud en cierto momento de sus vidas.

No tiene, pues, ninguna relevancia para el cosmos lo que te ocurra a ti, a mí, o a los millones de personas que pueblan este insignificante y menos que microscópico planeta.

domingo, 20 de octubre de 2019

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En este constante acudir a los recuerdos (tanto hermosos como detestables) los sentidos son los únicos que llevan la pauta intangible en nuestro existir tangible.

Las playas, independientemente cuál sea ésta, posee su característico aroma y, bien pudiera andar en bicicleta por algún parque citadino para percibir entre su humedad y en el viento algún rastro de aquel remembrar estando al pie del mar.
Otros aromas que son sumamente memorables son aquellos que en perfume o loción son usados por las personas... algunos definitivamente nos trasladan y evocan gratos momentos pero, he conocido algunos más, que sencillamente ahogan, no permiten respirarlos y, lamentablemente, la mayoría de ellos son usados por mujeres que creen que les sienta de maravilla.

Aquel sabor que permanece en nuestro recuerdo gracias al paladar y que difícilmente hemos vuelto a catar... A dónde es que se quedan todos esos considerando que fueron probados hace algunas décadas y que sólo anidan en un rincón de la memoria.
Será acaso debido al sazonar de más? Al querer colocar ese toque culinario que ya no empata con el catado en nuestra niñez? Los ingredientes actuales que no poseen la textura y/o riqueza gastronómica de los de antaño?
Esos sabores, la mayoría, sólo quedarán en nuestro recuerdo.

Nuestros oídos sólo estarán atentos en extremo cuando se deje escuchar aquella melodía que estuvo de moda en nuestra infancia, en algún ladrido callejero que remembra nuestro perro querido y que hoy ya no está; alguna voz, alguna frase en específico o el sonido de un motor, una fábrica, una empresa y su trajín interior.

Nuestra vista es la más compleja de todos... nos engaña, nos hace creer que vimos cosas inexistentes, confunde colores y, por más hermoso que sea el entorno, no lo "podemos guardar" en totalidad y detalle en nuestro cerebro.
Cada atardecer, amanecer, el rostro amado, la desnudez, el acudir a un concierto y ese observar detenida y minuciosamente el todo nos envuelve en limitantes para poder describirlo con palabras.
Pero, en esencia, juega un papel más en el saturar a nuestro cerebro de recuerdos y experiencia.


Qué lamentable el saber que, con el paso de los años y/o debido a enfermedades, cada uno de nuestros sentidos pierden parte de su función... Nuestro olfato tiende a sólo reconocer una parte de los aromas y ya no la totalidad de ellos, nuestro oído pierde sensibilidad, nuestro gusto ya no percibe si algo está salado o muy dulce y nuestra vista se deteriora hasta quizá quedar más que miopes o en definitiva ciegos.

No es sino sólo la mente, el recuerdo, el conocimiento y cada sensación que anida ahí la que nos mantiene vigentes en la vida y sus riquezas, pasadas, presentes o futuras.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

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Es triste saber que, al final, todos "resultamos engañados"...
Que en sucesión a las cosas mucho de lo dicho se creyó mentira (cuando casi se podía palpar la verdad en el todo) y que hasta "la edad" (o "la inocencia") resultó ser cómplice del fracaso o de las inconsistencias que derivaron en dicho devenir.

Es triste saberlo pues, entonces de dónde provino aquel momento mágico, aquella canción, aquel susurro que estremecía, aquel guiño que demostraba complicidad o aquel ocaso o lluvia que, más que amenaza, resultaba el inicio de la cuenta regresiva a la cúspide nocturna... palabras más, palabras menos y, al final, la mentira sembrada... casi indeleble.

Es triste saber que, al final, las alas fueron rotas aún sin volar...
Que nada fue "obra del destino" pues estuvo manejado sin azar, sin creer en consecuencias cuando las teníamos a la vista y que, de vez en cuando, había regocijo después de "lo obtenido" a pesar de sostener (muy en el fondo) que la mentira era la reina del momento y que el todo concluiría en la nada.

Es triste saberlo pues, incluso las palabras se anudan y no consiguen su acomodo para vida de expresar el sentir, de poder no dañar más a terceros, todo ello, a sabiendas que "la mentira" seguirá siendo el personaje principal de todo cuanto pueda escribirse, hablarse o demostrarse.

Es triste saber que, al final, todo resultó truncado...
Por gana, por enojo, por convicción, por razones externas, por "ver qué pasa", por simple experimentar, por hacer de la vida el papalote que tarde o temprano tendrá qué caer por falta de viento o por el "simple gusto" de "darle a la vida" basado en la juventud o en el "qué importa"... y resumir que todo fue una mentira.


Es triste saberlo pues, la verdad, esa que hoy goza de su carestía y validez, sigue y permanecerá ausente por el resto de los días, que ni todas las lluvias lavarán los rastros de decepción, que ninguna noche, ocaso, palabra escrita o dicha sostendrá más nada y que la vida misma nos ganará el rumbo hacia esa muerte segura... segura también ella de que, la mentira, es por hoy la más creíble y veráz en todo lo que fue, es y seguirá siendo nuestro dédalo.

martes, 13 de agosto de 2019

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No ha sido una o dos veces en que he imaginado el que no estoy aquí, sino en otro lugar del planeta habitando un ser diferente.
El simple cerrar de mis ojos me ha llevado hasta allá, a una costa, a un lugar hostil, un bello paraje o a la soledad más extrema.

Y no, no ha sido precisamente por el uso de alguna yerba verde seco que es fumada... ha sido sólo el escuchar música de otra nacionalidad, el observar lugares en algún vídeo del viejo continente, algún documental o sencillamente en sueños.

El saberme mexicano me ha otorgado cierta "estancia" en quietud en aquella habitación que me vio crecer, que me ha escuchado tanto, que ha sabido de desvelos y encuentros sexuales con diversidad femenina... y ha sido desde ahí que mi mente se ha trasladado hasta otros instrumentos, otros sonidos, otros aromas (diferentes a los que entran por mi ventana) más, mucho más allá que los torrenciales aguaceros nocturnos de esta época traen consigo y que dejan humedad a su paso.

Habitar un ser diferente al que poseo ahora... con sus pro y contras, con buena dentadura, con gran voz, con otro sentimiento entre manos al pulsar un piano o alguna guitarra. Quizá con aquella barba cerrada que está "tan de moda", con la buena solvencia económica que te otorga tranquilidad y que te orilla a sólo intentar descubrir más de lo cotidiano, más de lo ya estipulado por mera costumbre y vaciando de recuerdos cuanta arca se preste al frente.

Mi silencio me delata en este instante... las notas de Morón en "seguiriya" o "rondeña" dan para mucho más que sólo divagar o navegar en texturas que llegan a tocar la sensibilidad más recóndita de quien soy hoy.
El peso de lo que he conseguido no es suficiente para no desearlo: habitar un ser diferente al que soy.

Cómo es que se postra esta idea... cómo es que "todo mundo" desea lo ajeno; cómo es que estamos siempre inconformes con lo que poseemos o hemos logrado...
Será acaso aquella vida pasada la que nos trae sensaciones ya conocidas o remembra de manera muy remota lo que nos caracterizó alguna vez o poseímos y que hoy día carecemos?

Será el "cansancio por monotonía"? El mirar el mismo rostro resquebrajado y más senil con cada mañana en el espejo? Serán quizá los cambios internos y continuos que nos forzan de alguna manera a hacer silencio y, con ese simple cerrar de ojos, remontarnos hasta donde "creemos" nuestra vida sería mejor?


El laberinto deberá tener fin... así recorramos trescientas vidas y trescientas más aquí, allá, con este cuerpo u otro, con pobreza, solvencia, enemistad, celo, rabia o sensatez... la música siempre estará ahí para todos y/o para quien quiera ejecutarla, disfrutarla o trabajarla...
El dédalo en otro cuerpo sería igual?  Similar?  ...o tan distinto que no cabría siquiera en la imaginación el estar inmerso en él?