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Existe en mí una paz interior que alimenta mis momentos al lado de aquellos quienes me conocieron a fondo.
Puedo asegurar que dicho conocimiento surgió desde mí con todo el placer, alevosía, dolo y gana de entregarlo para tener vínculo de vida a largo plazo considerando incluso el tiempo previo a mi muerte.
Sé que algunas personas no lo supieron interpretar o acariciar dada la sutileza con que fue la entrega íntegra de mi ser. A ellos les corresponderá adecuar sus pensamientos a costa de los suyos y espero no les traiga consigo malos ratos.
A aquellas personas quienes han terminado por sonreír ante una situación o frase que delata nuestro pasado sepan que fue justo para ello que mi entereza fue depositada a confianza de ser "bien utilizada" y no para provocar guiños de disgusto.
A aquel o aquella a quien entregué parte de mi vida en muy poco tiempo, casi a la prisa, mi disculpa más sincera si su entender quedó en el limbo o en la presunción de falsedad.
No fue una o dos las canciones que escribí con dicha entereza y sinceridad plasmada con cada frase.
Gran parte de mi quehacer mundano o sentimental está claramente reflejado ahí y, en este espacio, si bien en inicio surgió como pergamino para ser espejo creativo, en muchas ocasiones terminó siendo poco menos que un diario o un atisbo a mi ventana interior y convencido estoy de que el lector que me conoce sabrá del rumbo, intención, procedencia y destino de cada texto.
Esa paz interior que alimenta mis momentos al lado de quienes me conocen a fondo, se trunca y lastima cuando se refleja en ellos la desgana, la desdicha, el reclamo o alguna frase que logre denostar mi existir en ellos.
Mi paz radica, insisto, en haber dejado "marca indeleble" y de por vida en cada uno... aunque extrañamente muestren dolor ante mi desnudez del alma.
miércoles, 23 de octubre de 2024
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