Laberinto cotidiano, dédalo trivial...

Recuerdos, anécdotas, mentiras, anotaciones, tentaciones, quejas, sueños y ciertos sentimientos.

miércoles, diciembre 02, 2009

.

Alguna ocasión aspiré a poder tener un nombre en el mundo de los llamados "roleros" a lo largo y ancho del país, que alguien tuviera a bien el acudir a alguna presentación dada por este servidor o que mi actividad musical personal fuera más a favor que "en contra".
El resultado todos lo conocen hoy: y es que muy pocas personas me conocen.

Alguna otra ocasión aspiré el poseer una vida plagada de sueños, un poco de viajes, el tener conmigo a una mujer que me amase por quién soy y no por qué hago y poseer un bien inmueble donde acudir a descansar o ser el punto de partida para mi actividad cotidiana y laboral.
El resultado lo tengo aún conmigo y, eso, ha dado pie a gran parte de mis ausencias en sociedad.

Alguna ocasión aspiré a poder tener cercano a mí a personas francas, amistades hermosas que tuvieran a bien el convivir armoniosamente, vecinos preocupados por su derredor ambiental que pudieran colaborar en la mejoría de las relaciones propias o que fungieran incluso de apoyo en caso extremo de necesidad.
El resultado de mi "aspirar" se ha ido con mi simple "exhalar".

Alguna ocasión aspiré a poder encontrar en el medio musical a personas con el mismo sentido, con cierta disciplina que provocara méritos más que musicales, que me pudieran proporcionar trabajo al saberme un buen elemento o, al menos, que buscaran la cordialidad al trabajar juntos.
El resultado sólo lo he vivido y tenido en suma limitada y, considero, que es más mi tarea que la de los demás.

Alguna ocasión aspiré a tener este espacio y mostrar en un futuro no muy lejano mi perspectiva de vida para quien deseara acercarse a ella, el dejar un pequeño legado textual a mi prole e intentar convencer en cierta medida a mi compañera de vida que, el dédalo, sigue siendo personal, que no podría estar en cien por ciento supeditado a sus condiciones y que pudiera aceptar que toda acción tiene una reacción (llámese de amor o desamor).
El resultado de dicho aspirar ha sido quizá en vano a esta fecha y sólo he conseguido saturar de incertidumbre mi matrimonio, de cacofonías este espacio y de construír un mar de dudas entorno a lo que realmente vivo, pienso y siento.

...y es que, como bien dijo J. E. Pacheco, "a lo que aspiro es a que todo lo que yo viví se pierda en el olvido".

domingo, noviembre 29, 2009

.

No es de mi total agrado el estar frente a este espacio en blanco con un sentimiento por demás negativo y dejar en claro (con menos coherencia que la normal) lo poco agradable que ha resultado ser el recibir tal o cual mal momento en mi dédalo pero, supongo, esto es "normal" en todo ser humano y en el pleno desenvolvimiento de la actividad propia cotidiana.

Supongo también que no debería dejar algún nombre que pueda servir de ventana a aquella persona que, dicho sea de paso, pasó a ser gnete indeseable en mi haber y acontecer y, peor aún, volver a repetir con ello o esto que cada día aborrezco más a cierto público con pocos escrúpulos y baja educación que acude a los bares donde laboro donde, según parece, sólo se dan cita para molestar a quien pueden.

Probablemente la culpa la tengamos personas como yo que sólo se dedican a hacer lo más humilde, efectivo, honesto y profesional su trabajo y permite que la diversión acuda a cada ente que deseé acompañar su momento con un poco de música; personas como yo que no buscan la ocasión para ir a poner en ridículo y en su trabajo a quien sí lo hace con nosotros sin ningún miramiento pues, se creen que por traer dinero o andar con más amigos de parranda, pueden ofender de tal o cual forma a quien sencillamente trata de ejercer y hacer lo mejor posible su actividad (llámese mesero, afanador, guardia, "viene viene", bar tender o músico).

Entes extrañas que no encuentran su lugar en el círculo social, que suponen ser los más agradables, el alma de las reuniones o fiestas, que carecen de un hogar cordial y vuelcan parte de su frustración en el primer pendejo que se deja (o sea: en mí).
Entes que no pueden sostener una conversación porque ya sus convicciones son tan necias que no permiten un revés a su tan demacrado y obsoleto ideal, que distan de poder crear amistades duraderas y que buscan la comodidad y/o felicidad a costa de los demás.

Supongo que tendrán ellos su propio laberinto qué salir, que pueden incluso dormir la siesta diurna sin el menor remordimiento de haber jodido a aquel otro mequetrefe que, en este caso, resulté ser yo... y mientras, sigo aquí sumergido en palabras que sólo intentan sacar parte de mi desdicha, de mi coraje e impotencia o de mi crudo afán por mentarle su madre y salir airoso del encuentro.

Lo cierto es que, habemos, tantos unos como otros y que, indudablemente, nos toparemos una y otra vez en esta sociedad, en algún rincón de un bar, en otra silla de aquel restaurante o en la butaca de al lado dentro del cine.
Y qué lástima que siga siendo un pendejo para mi mala suerte, un cobarde o una persona sensible y sencilla que sólo desea hacer (y que me dejen hacer) el trabajo al que me dedico porque, seguramente, toparé con algún ente que volverá a hacerme caer en desdicha, en apatía, en burda tristeza o rabia incontenible por impotencia y necedad.

Yo mismo me digo pendejo... y tú, Salvador ("chava"), qué mote te pondrás?

martes, noviembre 24, 2009

.

A lo largo de mi vida he podido conocer a algunas mujeres que han sabido portar orgullosas y ufanas su bendito género, que han terminado sonriendo y que jamás han dado marcha atrás en sus principios.
Aquellas quienes en cambio, lo han hecho a la inversa, sólo han logrado sumergirse en días de llanto, en más discordia o han convertido su vida en un verdadero desorden.

He conocido a aquella a quien no le ha importado el resto del mundo para ser feliz (en apariencia), a aquella quien pudo arrebatar de seno de otra mujer al hombre que tanto deseó, a quien pudo tener y criar a uno o dos hijos sin necesidad de la presencia del varón en su vida.

Conocí a quién tuvo por bien ser la puta más deseada, la más anhelada por algunos otros o la última mujer en la vida de un hombre y con éxito. Supe de aquella quien aguantó hasta el último día el mal aroma que despedía su pareja tanto de su boca como de su piel, aquella quien quiso tener hijos y no supo qué hacer con la responsabilidad.

Tuve a bien el conocer a aquella quien perdonó una infidelidad, que superó el trauma y que prosiguió su vida sabiéndose victoriosa o a aquella quien terminó amargada y amargando a su pareja el resto de lo que le duró su relación. Conocí a quién prefirió cantar, desnudarse y sonreír frente al espejo cada vez que un varón le despreciaba o aquella que definitivamente no se dio por vencida a pesar de padecer una enfermedad, en apariencia, terminal.

Conocí a esa mujer que jamás dejó de estar al lado de su hijo hospitalizado, a otra que olvidó hasta su nombre por sólo ser de un hombre, a aquella quien aceptó la muerte de su pareja con la naturalidad de una visita o aquella quien jamás celó a su cónyuge.

Conocí a quién su pareja pisoteó sus principios y la engañó hasta el hartazgo, a la misma que se alzó y salió del más profundo de los hoyos, a la que viró a tiempo en determinada parte de su dédalo y vivió para contarlo o aquella que salvó su vida por no seguir al lado de un hombre bebedor de alcohol que después se accidentó varias veces hasta perder la suya.

Las he visto en la calle llorando, abofeteadas, solas, sirviendo de cocineras o famullas, denigradas otras más, limitadas algunas cuántas y violada y muerta una más...


Tú, perfección de la creación, dónde es que te has visto reflejada en este breve texto?

sábado, noviembre 21, 2009

.

Cuando obtengo laboralmente un sábado como este, me vuelvo a recordar que hace tanto tiempo no tengo uno igual; lo "similar" hubiera sido poco en verdad comparado con este.

Sábado de vestidos largos, de gala, de banquete, de verdadero festín de algarabía o de musicalidad desde un escenario comandado por otros tantos que, desde hace algunos años, siguen conviviendo conmigo y comulgando (musicalmente hablando claro está).

El "sin embargo" aplica en que, estos, sencillamente son otros tiempos; los intereses de ese y aquel ya no son similares a los míos, los compromisos varían y/o el propio interés de permanecer juntos y vigentes se desparrama entre una canción u otra conforme transcurre el evento.

Me vi a la mesa, con mi atuendo elegante, con todo mi arsenal de instrumentos como nunca antes, con un compromiso más por consumar al término del primero de la tarde y con el afán de volver a casa satisfecho, sí, como antes, aunque esta vez sea sólo gracias al compromiso en sí y no al haber hecho feliz a ese u otro cliente... un vil mercenario de la música.
Y, todo, obligado ya por la constante y creciente carestía.

Por la noche, me recordaba de aquellos años en que convivía amorosamente con la música estando aún en preparatoria; aquella estudiantina, la Peña Cuicacalli, mi interés por la composición y el apegarme un poco más al único instrumento que se acercó económicamente hasta mí dada mi posición social: la guitarra... cuando, siempre deseé, un piano.

Por fortuna pensaba en ello al término de mis compromisos y no estando aún en ellos pues, de haber sido así, hubiera perdido extremadamente la concentración y haya quizá terminado por llorar en pleno escenario.
Ya por la tarde de ese día las saladas habían hecho acto de presencia en mis ojos sin "motivo aparente".

Lo más lamentable de todo esto es que, a pesar de haber traído un tanto de bienestar económico a casa, no es nunca lo suficiente para sacar todos los pendientes que aún tengo plasmado en deudas... y vuelvo a convertirme en aquel mortal que sólo espera el siguiente día para volver a un escenario en busca de la paga respectiva.


No me crean; a veces me vuelvo extremo en mis comentarios y, sé, muchos sabrán que no soy así... aunque, por otro lado, haya alguien que "asegure" que "sí deberán creerme".

miércoles, noviembre 18, 2009

.

Sigo cruzando semana a semana la ciudad, topándome con algunos automovilistas que utilizan la misma vía que yo pero de manera más imprudente, con exceso de velocidad o haciendo uso abusivo de sus luces frontales, de su escape ruidoso o de su ostentoso equipo de audio.

Sigo pensando en aquel, mi regreso, cuando observo de reojo lo frondoso de todos esos árboles que me dieron alguna vez la "bienvenida" a esta ciudad. Siento, como en aquel ayer, ese frío y frescor característico de dicha vía; mucho más aún en esta temporada... y termino pensativo, sin palabras.

Sigo siendo un amante acérrimo de las sábanas y toallas blancas, de la limpieza en el hogar, del cuidado en la pintura de mi casa; de los mensajes, llamados y correos electrónicos con el único fin de saberme o de saludar y/o del pasar un rato agradable en compañía de un grupo reducido de amigos que me indagan sobre mi sentir o permitiendo que sepa del suyo.

Sigo sintiendo desprecio por los errores ortográficos, por los mensajes de texto abreviados, por la violencia, la desigualdad de géneros, las guerras, el hambre o la pobreza extrema. Desprecio también la corrupción, la prepotencia, la falta de escrúpulo y tolerancia de los demás y/o el que no acepten propuesta alguna y variación de rutina desde otros.

Sigo ejercitándome poco, fumando quizá igual, visitando al dentista para contarle de mí más que él contarme los pocos dientes que aún poseo. Sigo bebiendo café por las tardes y antes de dormir, estudiando canciones nuevas a mi repertorio y comprendiendo un poco más a tanto borracho con quien me he topado día a día en mi trabajo.

Sigo al lado de ella, mi compañera de vida, que más que antes padece de jaquecas, que más se queja de la ausencia de vacación en nuestro haber y no resolvemos gran cosa debido a nuestros horarios. Ella, se mira cada vez más cansada, demacrada, con poca gana de seguir así o plagada de cierta apatía que termina por infectar el entorno.

Sigo esperando aquella luz que te haga sonreír, trabajo más establemente que antes, vigilo las finanzas sin poder aún solventar las más difíciles. Sigo con el mismo sueldo que hace meses, muchos meses y continúo escribiendo en este espacio para ti, para aquel, para este, esa, usted o quien quiera acercarse.

Sigo esperando mi nuevo encuentro con el mar, con la carretera en horas del amanecer, con la visita amable a otra ciudad o a otro hogar incluso...
Sigo disponible; a veces triste, solo o en familia. Todo depende del lugar y el momento.

domingo, noviembre 15, 2009

.

Dale oportunidad a aquel quien te llama.
Muchas de las veces no queremos saber de nadie más que no sea sino sólo nosotros y, es justo ahí, donde podríamos terminar en completa soledad o con el mismo círculo social de siempre y que, por lo general, no avanza.

Dale oportunidad a aquel quien te escucha.
No te quedes con todo eso que, sabes, será bien recibido por aquel a quien le importa más tu entereza y franqueza, aquel quien no le importa tu estatus social, tu indecisión o tu preferencia sexual.

Dale oportunidad a aquel quien te estima.
Pocos son en verdad quienes, con solo una llamada, los puedes transformar en los más dóciles y serviciales según tu requerir; deja que te acompañe en el próximo viro del dédalo y que te lleve de la mano al lugar más asequible o deseado para tu bienestar.

Dale oportunidad al silencio, al sonido más tenue, al vagabundo que toca a tu puerta, al perro aquel que te solicita asilo o estadía. Brinda a aquellos lo que más deseas para ti (no tardará mucho en retribuirte el destino con "cuchara grande").

Dale oportunidad al amor, al celo (por qué no), a la dicha que se anide en ti, a la sonrisa, a la canción, a la cortesía, a la comprensión y a la tolerancia. Brinda a aquellos lo que prometas; sostén tus palabras cuando juzgues, visita a un enfermo y date un buen descanso de vez en vez.

Yo no soy quien dice esto... lo dicen todos, los libros, algunos comerciales o ciertos panfletos.
El caso es que, parece, nadie en absoluto los ponemos en práctica.
Será acaso por ello que no somos felices?

jueves, noviembre 12, 2009

.

Extrañamente nunca me gustaron tus imágenes difusas y con poca claridad que sólo hacían que dudara si mi monitor estaba funcionando correctamente o ya de plane debería cambiarlo por uno nuevo de plasma. Y digo "extrañamente" pues, sé, hay quienes les fascina este tipo de imágenes.
Y es que siempre he optado por ser claro (lo más posible), por hacer que ese detallar de las cosas no parezca extremo y se entienda todo a los primeros calces.

Por otro lado, el preferir estar imberbe no obedece al deseo sediento y pertinaz de parecer más joven; aquellos otros han descifrado exactamente mi edad sin siquiera preguntarlo directamente y que, a fin de cuentas, nada tiene de especial el ser mayor o menor que... el ser más o menos que... el estar aquí o allá sin...

Más para allá, no sé por qué es que debo asomar a la vuelta anterior en el dédalo. No entiendo el cómo es tan fuerte el deseo por saber quién me sigue detrás, quién se acerca o quién querrá asomar en la misma esquina hacia donde he tomado rumbo y casi se tope con mi rostro en la acción... supongo que es por miedo más que precaución.

Un poco más acá, lo dicho, la soledad, lo frígido, el exterior acorde con y todo ello sumado a lo más corto de los días. Esta vez no quiero "culpar" al viento de traer consigo más silencio o de seguir intentando recoger o hacer revolotear tu cabello aún sin yo poder verlo...
Supongo que, al paso de unos días, tendrá por bien el hacérmelo notar con su peculiar manera.

Y ya desde aquí, vaya hasta lo más recóndito mi deseo porque todos ustedes tengan siempre lo mejor de la vida, que sigan aceptando las propuestas de vida o del amor, que no se dejen influenciar tanto de lo que el viento les susurre y no se confíen tanto en hacer de la vida misma una maquila...
No suele ella mostrarse en esa presentación y mucho menos en "dosis pequeñas o empacadas 'para llevar' ".

lunes, noviembre 09, 2009

.BITÁCORA DE SUEÑOS.

En la maravilla del orden de las cosas, el desorden, o mejor dicho la rareza.
Probablemente siempre fue un deseo de que formaras parte de mi mundo tal y como lo hiciste conmigo en esta ocasión.

Ese adentrarte al mundo musical por inicio de cuentas fue realmente osado. No hubo quién se interpusiera entre las notas y el papel para vida de llevar a cabo cierta labor que yo tenía encomendada; y lo hiciste, con sus erros respectivos, vicios y demás que cualquier principiante comete.
Lo raro del asunto fue que justamente dejaste que prosiguiera mi sueño mientras tú y uno de mis hijos colocaban, por encargo, el arreglo respectivo para varios instrumentos.

No obstante hubo quién corrigiera y criticara públicamente dicho arreglo ya frente a mí y, así, yo quedé ajeno a ofrecerte mi descontento o mi rechazo.
No hubo pues, por ende, ninguna mala cara, ningún reclamo y mucho menos algún sentimiento de descontento por parte de nadie, incluso, por aquel quien públicamente mostrara los errores en aquella aula que más bien parecía un auditorio.

Conforme transcurrió mi viaje, llegamos a aquella escuela donde, se suponía, había cursado algunos de mis estudios. Me maravillaba tu juventud, tu sonrisa y tu sencillez; la frescura misma con que dabas cada paso y con la que compartías cada detalle estando a mi lado.

Aquellos destrozos que ocirrieron accidentalmente en el plantel y que tuvieron qué ver contigo los atribuí a lo demacrado del inmueble y, aunque no éramos parte del personal intendente, pudimos a bien colocar en su lugar los objetos caídos o reparar los desperfectos.
Y así continuaba nuestro ir y venir.

Los amigos, los conocidos y otros compañeros sencillamente se maravillaban de tu presencia pues, ya eras por todos más que conocida gracias a mí y a mis constantes conversaciones sobre tu persona.
Aquel hotel donde perdería una cita de trabajo, sus caminos piso tras piso, sus dos elevadores siempre llenos y mi destino en el doceavo nivel llenaron con más detalles extraños, lindos y un tanto confusos a la vez parte de ese viaje al lado de Morfeo.

- Matemáticas? Reprobé matemáticas? Oh, sí! acompáñame a saber mi resultado al aula aquella donde debo recoger mi exámen ya calificado.
Los pasillos... un cúmulo de personas aquí, otras allá; algunos más aislados del resto y, el aula, con su respectiva sobriedad; el frío de la habitación y mi sentimiento ya muy marcado de soledad al carecer de tu presencia estando en su interior.

No tardé mucho en despertar luego que el maestro me dijera que había reprobado de nueva cuenta. Quedé por un momento absorto del hecho y, mientras el profesor salía del salón yo me adivinaba ya en total soledad. Tú habías desaparecido, los amigos contigo, mis hijos que, aunque sólo tuvieron una pequeña participación, sabía que debía encontrarme con ellos un poco más tarde.

Me sostenía y confortaba un tanto el saberte sonriente, sencilla, sin problema alguno, radiante y tolerante ante cualquier adversidad, mala nota o conflicto que se interpusiera en nuestro haber y hacer. El recuerdo de cierto calor que emitías y me abrazaba mientras permanecías a mi lado era por demás suficiente para no querer saber más de nada, dejar que el sueño transcurriera y que cualquier frío "peleara" contra nosotros sabiendo que no podría vencernos.

viernes, noviembre 06, 2009

.

Doquiera que estés, sabrás lo que porto conmigo doquiera que voy, intuirás quizá lo que yo y no menospreciarás cada uno de los colores que siembra en nuestra mirada la naturaleza.
Sentirás el mismo deseo de volver, de regresar, de repasar y redescubrir sin el exceso que pudiera ocasionarte la adicción.

Doquiera que estés, verás impreso en el entorno algo que irremediablemente te acerque a aquello que tanto amaste, a lo que al menos dijiste amar o a quien quisiste mucho, tanto, que será suficiente el sentir el deseo de regresar, de revivir o de redescubrir lo que el entorno y la naturaleza te muestra sin llegar a los excesos.

Sentirás y reconocerás sin temor a equivocarte las mismas sensaciones, algunas con más énfasis que otras y querrás entonces regresar, redescubrir, volver a saber de aquel a quien sólo tú sabes y adivinas con sólo posar tu mirada en estas letras; habrás entendido que, los excesos, ya no serán más y que la vida otorga maravillas que pueden invitar al nuevo redescubrir.

Te sabrás vivo (a), lucirás de nueva cuenta aquellas prendas que decían maravillas de tu figura, compartirás los cielos con aquel a quien amas, quien quieres o estimas en demasía (claro, sin llegar al exceso).
Te sentirá así mismo el entorno y hasta la luna brillará gustosa en su cenit sobre tu cabeza, en su crepúsculo mirándote de frente o en su ocaso tras el amanecer; todo, con miras a revivir, a volver a sentir, a redescubrir.

Será hasta entonces, hasta que hayas catado todo el derredor e incluso virado inmerso (a) en el dédalo, que volverás a adivinar lo que porto conmigo doquiera que voy; que yo también deseo regresar, revivir, repasar y redescubrir lo que tú.
Iremos incansables así por la vida, amando, cuidándonos de los excesos y maravillándonos paso a paso.

martes, noviembre 03, 2009

.

Hoy hace un par de días que sencillamente espero, que no siento sino sólo el peso de ello y que el trabajo termina por fatigarme extrañamente mi garganta a pesar de elegir temas que requieren de una tesitura más media propia de un barítono.

Hace dos horas que estoy de regreso en casa intentando recopilar lo dejado hace algunas otras antes de partir; aquel pendiente de la señora, la preocupación por llegar "a salvo", el revisar mi bolsillo y saberlo invadido o la intención de repintar mi hogar en totalidad interior.

Hace tres semanas ya de aquella llamada, de aquella desdicha colocada en tu semblante o el mío, de aquella visita, del haber elegido nuestro nuevo rumbo o de adherir a las tardes lo guardado por meses, años y felices días.

Hace cuatro décadas sencillamente no tendría ni la menor idea de todo este menester estando inmerso en el dédalo; probablemente me encontraba gozando de las mieles de una infancia sana, amena y acompañada por mis padres amorosos y un par de hermanos más que ya hacían del hogar un rincón al bullicio o alegría infantil en víspera navideña.

Hace cinco cigarrillos que sigo la huella y rastro que deja aquel humo que se desprende desde ellos; En su unidad, cada cual llevó sus amorfas siluetas al viento y me hizo recordarme ajeno al viento cuando más he deseado ser lo contrario, cuando más he socorrido el volar con él y viajar hasta jugar revoloteando contigo o susurrar melodías atonales a tu oído.

Hace seis minutos que estoy pegado aquí sin éxito, sin poder sacar lo que en inicio dibujó mi interés, sin poder hacer reír al destino o, al menos, jugar con él a que me posee, que dispone de mí, que a sabiendas que no deja huella con su nombre se puede reflejar claramente en algunas canas o en lo demacrado de mi cuerpo.

Hace siete meses recordaba tardíamente tu cumpleaños, como es mi pésima costumbre; y detuve por instantes mi andar y mi entorno que, en mayoría de las ocasiones, sólo está para mí o mi haber. Fue entonces que pude pensar en ti una vez más y saberte parte mía (aunque lo niegues, lo omitas o intentes en vano olvidarlo).

Será entonces esta la octava vez quizá en que intento jugar con los números y, saber de cierto, que por ello justamente reprobé la materia, que la vida no se basa en los números y mucho menos el mundo de la música.
Probablemente habrá nueve o diez monedas contabilizadas sin erro alguno en mi bolsillo y, eso, dará pie a la nueva resta, a la nueva necesidad y a la nueva espera para salir a trabajar y dejar de escribir tonterías o cargar con los problemas de casa al escenario.